Masonería:
Tradición, Espíritu y Razón
La conclusión común a la que
hemos llegado es la siguiente: Somos un grupo de buscadores que realizamos
nuestra tarea en solitario pero que en el marco de un ritual abrimos el corazón
a los HH:.
para poner sobre la mesa el estado de nuestra búsqueda y triangular nuestra
posición.
Bajo un genérico concepto de perfeccionarnos se albergan
tantos objetivos como integrantes hay en la Logia.
No es ya un secreto para nosotros que no existe una Masonería,
sino masonerías, masonerías que tienen una naturaleza y características tan
distintas que podemos decir que mas allá de unos hitos comunes, muy devaluados
ellos, son contrapuestas entre sí.
Palabras como “iniciación”, “tradición”, “sagrado” y otras
muchas que pronunciamos frecuentemente les ocurre lo que a otras palabras en la
sociedad profana: Las pronunciamos teniendo cada uno un concepto distinto de su
significado. Y es tan grande la diferencia entre conceptos que podemos decir que
Babel se encuentra instalada desde hace tiempo en la Masonería.
Será bueno, pues, volver al significado primigenio y valorar
su utilidad para la misión en la que estamos inmersos.
A VUELTA CON LOS
ORÍGENES
LA PRIMERA
DISECCION
Una masonería de vocación política
encubierta cuyo trabajo se realiza en ara al progreso, en sentido moderno,
de la Humanidad. Es una masonería practicada a través de un ritual al que se
ha desprovisto de sus elementos tradicionales. Diríase que ha quedado el
ritual en un guión de funcionamiento ligeramente adornado de elementos
iniciáticos. Es una masonería que proclama su apego a la libertad y al
racionalismo adogmático y por lo general de marcado carácter antirreligioso.
Una masonería de corte
filosófico-humanista (renuncio a la utilización de la palabra espiritual en
aras a situar la palabra espíritu en su más genuina acepción desechando su
utilización genérica como todo lo
contrario a material). Esta masonería, si bien introduce elementos de la
anterior como el apego a la libertad y al racionalismo adogmático, se
caracteriza por las aportaciones de carácter hermético así como elementos
simbólicos de otras tradiciones arcaicas y orientales, todo unido a unas
referencias y elementos simbólicos de inequívoco carácter tradicional
judeocristiano. Con
ello, todos sus razonamientos se tornan sincréticos en una verdadera
amalgama de formas y significados. En ella confluyen espiritualistas
(creyentes) cuyo trabajo ritual tiene por objetivo un conocimiento de
naturaleza metafísica y
humanistas (agnósticos y ateos) a la busca de un
conocimiento de corte psicológico e incluso psicoanalítico. Ambos tipos con
un fin complementario de perfeccionamiento moral.
Una masonería gnóstica (conocimiento
experimental de la divinidad) y que prefiero denominar tradicional en su
más puro sentido. Esta masonería caracterizada por su raíz y profunda
convicción cristiana, que es continuación de la masonería medieval y
escocesa, se centra en la labor iniciática de autoconocimiento espiritual y
reintegración.
Quisiera reflexionar sobre algunos aspectos del segundo tipo
de masonería, muy identificada con la practicada en nuestra logia bajo el REAA.
La primera reflexión se va a centrar en uno de los elementos
fundamentales del REAA: Las tres grandes luces: El Libro de la Ley Sagrada, el
Compás y la Escuadra.
En un
lugar principal de la logia se sitúa sobre el ara el Libro de la Ley Sagrada –la
Biblia- abierta en el prólogo del Evangelio de San Juan en su versículo 1. Sobre
el Libro, que es fundamento o base, se sitúan el compás y la escuadra “los
cuales simbolizan la tierra y el cielo (cuadrado y círculo). El compás como
“ciencia del cielo”, la escuadra como “ciencia de la tierra” y el Libro como
efluvios emanados de la divinidad sintetizan los misterios de la cosmogonía,
que son también los misterios del hombre
comprendidos en su totalidad. Si el Libro Sagrado recoge la revelación de la
Palabra, el compás y la escuadra son las herramientas que sirven para aplicar el
contenido espiritual de esa revelación…”[1]
Nuestro interés se va a centrar en el
Libro de la Ley Sagrada base sobre la que se fundamenta la acción del Espíritu y
Razón (compás y escuadra), componentes que definen al Hombre en su actual
estado. Componentes que son los instrumentos base de que dispone para hacer
efectiva
su misión de reintegración desde el actual estado de caída.
El Libro de la Ley Sagrada
es posiblemente el símbolo más importante por “representar
la verdad revelada y sagrada, la conexión con los mensajes divinos y con la
Tradición. Por ello se sitúa en el centro de la Logia, sobre el Altar de la
Verdad, en el eje que conecta el Cielo y la Tierra …”[2]
Dos palabras destacan: Divinidad y Tradición. Respecto a la
segunda hacer una brevísima incursión en la misma de gran importancia para
enmarcar el conjunto de la plancha.
LA TRADICION
Más allá del
significado profano y genérico de transmisión de todo tipo de experiencias,
valores, etc. tenemos el significado esotérico (aquello que pertenece al
interior): “Conjunto
de principios que revelan verdades principales o inmutables, emanadas de la
Verdad”.[3]
René Guenón hace referencia a una
Tradición Primordial como “creencia
en una Tradición perpetua y unánime revelada tanto por los dogmas y los ritos de
las religiones ortodoxas como por la lengua universal de los símbolos
iniciáticos”.
Sostiene la existencia de una única Tradición, que llama
Primordial que se articula en diferentes Tradiciones (judeocristiana entre
ellas). Esta Tradición primordial tiene una fuente atemporal y un origen no
humano. De la Tradición Primordial emana el concepto de Principio Eterno al que
retornan todas las cosas.
De
forma similar,
Podemos afirmar que la Masonería posee
muchos orígenes, pues en su seno coexisten superpuestas muchas tradiciones si
bien aún aceptando las tesis de René Guenón y
LA BIBLIA
Y EL EVANGELIO DE SAN JUAN
La Biblia, conjunto de Viejo y Nuevo Testamento es el libro
canónico del judaísmo y del cristianismo.
Cuando se abre
la
Biblia en Logia, se hace en el Prólogo del Evangelio de San Juan. Este evangelio
tiene un carácter temático y no cronológico. Está considerado como el evangelio
más esotérico de los cuatro y se articula alrededor de siete milagros y la
celebración de tres pascuas por parte de su eje central: Jesús.
Es un evangelio en el que Jesús es
manifestado como el unigénito Hijo de Dios hecho carne, entregado al Mundo por
el infinito Amor del Padre y
restaurar al ser
humano para sí.
Nos señala que “Él vino para
que tengamos Vida y Vida en abundancia”. Y para ver el Reino de Dios es
necesario nacer de nuevo
[5]: Sin ese
nuevo nacimiento no hay vida ni relación con Dios.
Así mismo hay una mención especial a la tercera persona de la
Trinidad: El Espíritu Santo como Consolador que en su sentido literal significa
aquél que es llamado al lado de otro para ayudarle.
De lo expuesto:
Un solo Dios y Tres personas distintas: Padre, Hijo
Unigénito y Espíritu Santo. Dios es Espíritu[6]
y a Dios nadie le ha visto[7]
El Hijo enviado por el Amor del Padre
para restaurar al ser humano para sí,
Amor en sentido
de ágape, verdadera originalidad del cristianismo que no necesita química ni
afinidad ni emoción-
Las viejas escrituras hablan y confirman
el culmen de la Historia en la persona del Cristo.
Cual no será el peso específico de este
Evangelio sobre la Masonería que al patronato que toma del mismo,
la Francmasonería añade
de San Juan –cuyo
significado es gracia o don de Dios- a la
palabra Logia.
Bien es verdad que hay que reseñar dos
cuestiones:
La opinión de un historiador como E.
F. Bazot en la que se señala que el San Juan al que hace referencia es San
Juan El Limosnero, hijo del Rey de Chipre que en tiempos de la Cruzadas, fue
a Tierra Santa y se prodigó en obras de caridad.
La interpretación de las fiestas de San Juan, situadas en
ambos solsticios, como expresión de las fiestas del dios romano Jano. Es de
hecho una cristianización de las citadas fiestas si bien la proyección
espiritual y salvífica del mensaje joaniano cristiano es de una
transcendencia incomparable con la fiesta solsticial pagana mas centrada en
los ciclos de la naturaleza.
Veo más coherente con el conjunto del
Libro que sirve de base para las herramientas de actuación, el compás y la
escuadra, el
testimonio en el prólogo del Evangelio,
de Juan el Bautista como precursor y el de Juan el
Evangelista como testigo de la Luz:
“6. Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba
Juan.
7. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de
la Luz, a fin de que todos creyesen por él.
8. No era él la Luz, sino para que diese testimonio de la
Luz.
9. Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía
a este mundo.
10. En el mundo estaba y el mundo por él fue hecho; pero el
mundo no lo conoció.
11. A lo suyo vino y los suyos no le recibieron.
…
14.- Y aquél Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros
lleno de gracia y verdad”.[8]
“San Juan
Bautista encarna el precursor del Mediador entre la Tierra y el Cielo. San Juan
Bautista representa el espíritu del masón en expansión y en comunión con todo lo
creado, desprovisto de todo lo profano … San Juan Evangelista representa el
espíritu del masón en recogimiento, el encuentro con su luz interior. A él se
consagra la fiesta del solsticio de invierno”.[9]
“Juan el Bautista, que se cubre con una piel de cordero, es
quien representa la unión del sol con la constelación de Aries (el Cordero) que
tiene por símbolo la letra griega gamma, la misma que en hebreo (guimmel) es la
inicial de las tres palabras sagradas “sabiduría, fuerza y belleza”y la misma
con la que empiezan las palabras griegas Gnosis (conocimiento supremo) y Genos
(generación). Juan el Bautista es quien abre los caminos a la Luz del
conocimiento, a la reintegración a la verdadera naturaleza. Tan sólo es el
comienzo de la andadura, pero con el bautista se cierra la puerta de la vieja
Ley y se abre la ruta de Luz, la del Mesías, de quien el asceta del Jordán dijo
a sus discípulos: “Él os bautizará con el Espíritu santo y con fuego” (Lucas 3,
16)”.[10]
¿A dónde llegamos con estas pinceladas expuestas? Pues a que
nuestra actividad está basada en una nebulosa sincrética en la que todos cabemos
puesto que los parámetros definitirios se encuentran totalmente diluidos y gran
parte de las palabras clave de bóveda son significadas de forma libre. La
argamasa que nos une son las palabras nominales, no su significado originario,
pues hemos hecho una actualización acomodaticia a la individualidad de cada uno.
No se nos debiera escapar, por muchos argumentos en contra que
vamos a oir (la Biblia es símbolo de la sabiduría, el evangelio de Juan es
símbolo de la razón –por lo de logos-, etc.) la profundidad del mensaje
contenido en el citado texto, enmarcado en una tradición concreta, tradición que
no debemos obviar.
Nos encontramos en la logia con una multiplicidad de
sensibilidades –creyentes, agnósticos y ateos- que deben encontrar un acomodo
ritual coherente. En la actualidad lo sincrético del REAA hace que unas
sensibilidades entren en profunda contradicción con sus creencias, aunque las
obvien, y otras no encuentren el desarrollo del espíritu que buscan.
En nuestra presentación en la página web de la Logia definimos
nuestra práctica masónica:
“Practicamos una masonería de carácter intimista, racional,
reflexiva; convencidos de que sólo labrando nuestra piedra bruta hasta hacerla
cúbica se pueden conseguir mejores seres humanos y por extensión, una mejor
sociedad. Igualmente convencidos de la necesidad de estudio, la educación, la
formación y la cultura como herramientas que pueden sacar al ciudadano de la
dominación y la esclavitud social, a la par que única vía para rescatar su
conciencia.”
Para estos fines,
¿Precisamos un rito como el REAA?
¿Precisamos las actuales tres grandes luces?
¿Precisamos palabras como sagrado, iniciático, esotérico?
¿Precisamos de una organización como la Francmasonería
para llevarlos a cabo?
¿No estamos potenciando una dinámica
de carácter psicológico / psicoanalítico muy en consonancia con esa visión
filosófica que defiende
¿Sería posible llegar a un encuentro
de finalidades y aplicar al citado encuentro un rito apropiado?
¿O es que eso es la francmasonería siendo las otras
concepciones hijas de un tiempo pasado que no ha de volver?
¿Qué tipo de Conocimiento podemos trasladar a nuestros
aprendices si cada uno busca una cosa diferente y no tenemos determinado el
Conocimiento propio de nuestra Masonería?
¿Será el contenido de tradiciones arcaicas, orientales?
¿Serán reflexiones filosóficas o serán reflexiones morales
políticamente correctas?
¿O da igual todo en un “totum revolutum” hijo de los
tiempos de mescolanza y globalización?
¿En este estado de cosas: El Maestro qué puede enseñar al
aprendiz?
Precisamos, QQ:.HH:. un esfuerzo que profundice en nuestra
definición que acote el campo que vamos a tratar y apliquemos las herramientas
precisas –el rito útil para ello-.
REFLEXIONES
CONCLUSIVAS
“Quien se
acerque a la forma tradicional masónica dejando de lado los prejuicios que
caracterizan a la mentalidad moderna, dispuesto a profundizar sus diversos
argumentos y deseando comprender la naturaleza de aquello con lo que entra
en contacto, no podrá dejar de constatar la existencia de un importante
patrimonio simbólico, ritual y esotérico. Este patrimonio, sea lo que fuere
del estado de decadencia de las organizaciones masónicas modernas, subsiste
aún a pesar de todas las tentativas perpetradas hasta el presente para
tratar de destruirlo, y proviene tanto de las más antiguas organizaciones
iniciáticas vinculadas al arte de la construcción como también de elementos
de otras formas iniciáticas occidentales actualmente desaparecidas, de modo
que se puede asegurar con firmeza que la Masonería actual se ha mantenido
como la única heredera de todo cuanto ha existido de iniciático y
auténticamente esotérico en el mundo occidental.
Puede parecer sorprendente que en los ambientes
masónicos actuales, el concepto de la regularidad de la filiación iniciática
no sea tan pacíficamente aceptado y, por el contrario, a veces encuentre
encarnizados opositores. Algunos quieren sostener que la Masonería ha nacido
efectivamente en 1717, sin vínculos efectivos con las organizaciones
operativas preexistentes, y que no es más que una sociedad filosófica y
filantrópica, en la que se persiguen determinados «ideales», que en
definitiva no son más que aquellos que tenían curso en el siglo XVIII,
propugnados por el moralismo protestante y el Iluminismo. En efecto, la
formación de la Masonería
especulativa,
que tuvo lugar en Inglaterra al comienzo del siglo XVIII, fue también el
resultado de un proceso de «protestantización» de las organizaciones
masónicas, las que previamente eran preponderantemente católicas, y por otra
parte, este cambio resultaba inevitable, por el impulso de fuertes
condicionamientos políticos. En el resto de Europa, el nuevo curso, nacido
de la Gran Logia de Inglaterra, asumió en cambio principalmente un carácter
filosófico-iluminísta y anticlerical.
Estas organizaciones se encontraron con una contradicción interna, ya que
por un lado tenían la función de conservar un patrimonio tradicional, y por
el otro se veían contaminadas por una difusa mentalidad de tipo filosófico
profano y por lo tanto antitradicional; tenemos así, por una parte, la
transmisión iniciática y las prácticas rituales, y por la otra, la adopción
de un punto de vista moral y «laico». De tales contradicciones solo podían
surgir equívocos de todo tipo y uno de los más graves fue precisamente la
confusión entre los puntos de vista ritual y moral, al afirmarse la idea de
que ritos y símbolos deban ser entendidos según un «significado moral».
Es muy raro que las solicitudes de «afiliación» sean
una consecuencia de aquella
metànoia
que debería manifestarse en quien tiene una real
aspiración hacia la vía iniciática; en general no hay una búsqueda en
sentido intelectual, ni un verdadero cambio de mentalidad. Así es como cada
uno se convierte en portador de las ideas del mundo profano y de las propias
tendencias individuales, de modo que es lo interior lo que resulta
influenciado por lo exterior y no al revés, como legítimamente debería ser.
Por eso es que los ambientes masónicos, desde fines del siglo XVII, fueron
siempre condicionados de alguna manera por la ideas «profanas» que de tiempo
en tiempo se imponían en Occidente;
Todo cuanto
concierne a la moral puede ser fácilmente comprendido con la razón y
acabadamente expresado con la dialéctica: se trata de cuestiones que
cualquier profano puede comprender, por lo que resultarían totalmente
superfluas una iniciación y una enseñanza esotérica, enseñanza que, por lo
demás, no tendría objeto. Frente a tal contradicción, que debería mover a
investigar cual pueda ser el verdadero significado de estos elementos
tradicionales, algunos masones modernos llegan, por el contrario, a la
conclusión de que tales elementos serían efectivamente inútiles e incluso
hasta proponen su eliminación. Y por otra parte, una vez «establecido» que
estas cosas no sirven ¿para qué conservarlas?
Ritos y
símbolos son considerados en su aspecto más exterior, y asimilados a todo
aquello clasificable como poseedor de significado social, sentimental,
filosófico o individual. De este modo resulta negada la real naturaleza y la
auténtica función del simbolismo, abriéndose así la puerta a sucesivas fases
de desviación y subversión.”
[11]
En un reciente viaje, un querido hermano me comentaba que si
el racionalismo, la moral y el ser un ciudadano consciente y responsable, una
persona que trabaja para el progreso de la Humanidad era todo lo que la
francmasonería podía ofrecer en estos momentos, estábamos olvidando el nervio
central o esencia de la francmasonería: La transformación por la muerte
iniciática en un hombre totalmente nuevo que busca su reintegración con la
Plenitud, el Gran Arquitecto del Universo o como lo queramos denominar.
La inoculación en la actual masonería liberal y adogmática de
ese contenido exterior excluyendo el trabajo iniciático en un sentido
tradicional, es tener la seguridad de que en un futuro no muy lejano la
francmasonería habrá perdido la fuerza de transformación interior en aras a
convertirse en una escuela de formación de ciudadanos, alimentada de efectivos
que en gran medida, desengañados de la praxis política, acuden a los Talleres
para encontrar una práctica de la reflexión política en un sentido general
complementada con dosis de humanismo racionalista que tranquiliza la conciencia
de los modernos buscadores.
Quisiera acabar con unas palabras del
poeta y místico Rumí: “Lo
esencial es captar el verdadero sentido y convertirse uno mismo en el verdadero
sentido”.
He dicho.
J.A.C.
[1]
Diccionario de
Francmasonería. Juan Carlos Daza.
[2]
Diccionario de Francmasonería.
Juan Carlos Daza.
[3]
Op. Cit.
[4]
El Uno en lo
Múltiple. Aproximación a la diversidad y unidad de las religiones.
[5]
Juan, 3,3.
[6]
Juan, 4.24.
[7]
Juan 1.18.
[8]
Evangelio de San
Juan
[9]
Diccionario de Francmasonería.
Juan Carlos Daza.
[10]
Logias de San
Juan. A
[11]
Principios
masónicos e ideales profanos. A. Zorzi.