Plancha de Trabajos  ·  Respetable Logia MEDIODÍA nº 66 (GLSE) en los V:.V:. de Sevilla (España)

 

MASONERÍA DE INTEGRACIÓN

De la Obra a la Especulación

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Cuando allá por el mes de mayo nuestro V\M\me pedía que hiciera una plancha sobre el periodo de transición entre la masonería operativa y la especulativa, sabía lo que hacía, sabía que no me podría negar, sabía que era un tema sobre el que llevaba más o menos trabajando y recabando información desde hacía mucho tiempo, y para el que solo necesitaba ese empujón que es ver tu nombre con el compromiso de una lectura a fecha fija.

 

El tema me fascinó casi desde el principio, pues reunía todo lo que me interesa: la historia -que es mi hobby y mi pasión- un periodo poco y mal documentado, lleno de mitos y de tradiciones y la posibilidad de entender mejor la actividad con la que me había comprometido, cual es la masonería.

 

La primera plancha que he encontrado hecha por mí sobre el tema es de abril del 2000, y desde entonces, un poco hoy y una nota mañana, no me había dado cuenta de la cantidad de documentación que había acumulado. Sólo ponerla en orden y recabar la que faltaba, me ha llevado varias semanas, además de múltiples lecturas pendientes.

 

No es una plancha pensada para su lectura en Logia; de hecho, su larga extensión lo impide. Es una plancha hecha para mi propio disfrute personal, pues tengo que reconoceros que cuando la he terminado y me he puesto a redactar esta introducción, el verano ya había acabado sin darme cuenta siquiera de que los días pasaban, y eso hace mucho tiempo que no me ocurría.

 

Este es uno de esos trabajos en los que he adoptado la posición de espectador y he recorrido, como sobrevolando en una máquina del tiempo, ocho siglos de historia de Europa, sorprendiéndome como un niño de las cosas que iba descubriendo, iniciando el viaje con una historia aprendida que se me ha ido cayendo poco a poco en el camino y descubriendo que la historia del hombre, al menos en estos ocho siglos explorados, es, para mi sorpresa, la historia de la lucha por su emancipación del yugo que suponía el binomio Iglesia-Estado. Quizá ha sido esta la principal de mis sorpresas.

 

El trabajo es largo, quizás muy largo y denso, aunque he intentado redactarlo con el lenguaje más didáctico posible; pero no podía hacerlo de otra forma, quizás por el propio disfrute que me ha producido, pero también por que he descubierto que, aunque al principio yo, como tantos otros, siempre pensé que la masonería era heredera de los constructores de catedrales y más adelante defendí que solo éramos herederos de la Ilustración -incluso hay HH\ que defienden que somos guardianes de ancestrales tradiciones- la conclusión a la que he llegado es que solo somos consecuencia de la historia y para poder presentar esa tesis, era imprescindible situar cada hecho en su contesto histórico, contextualizar cada movimiento para que se vea que en realidad nunca se produjo una ruptura en la masonería y que todo es consecuencia de las causas que lo generaron y del momento histórico que en cada momento tocó vivir.

 

Ojalá le interese a alguien y ojalá este texto encuentre a alguien que de su lectura extraiga tanto disfrute como el que he tenido yo haciéndolo.

 

EL GREMIO

 

Siempre es difícil decidir por dónde empezar, y casi siempre lo más sensato es hacerlo por el principio; y el principio en el caso que nos ocupa es el siglo XI, el siglo en el que el Imperio Bizantino y los Califatos Islámicos están en pleno esplendor, el cristianismo se expansiona por Europa trayendo consigo la construcción de Templos y Castillos que darán como consecuencia la aparición de este gremio de canteros que tanto dará que hablar a lo largo de los tiempos.

 

Pero es también el siglo en el que comienzan las cruzadas y será este hecho el que determinará, casi desde el principio, el inicio de la transformación desde un gremio operativo, hasta la especulación iluminista del XVIII.

 

Es importante poner de manifiesto que el gremio es la forma tradicional de trabajo en aquellos tiempos: los comerciantes y artesanos se agrupan, incluso físicamente, en los pueblos y ciudades, para darse cobertura, ayudarse, protegerse y conseguir así más fuerza de la que podrían obtener por sí mismos. Hasta nuestros días han llegado, como recuerdo de aquellos usos, muchos nombres de nuestras calles: calle Ollerías, calle Especerías, calle Camas, calle Hoyo de Esparteros, calle de Curtidores o Plaza del Pan por decir algunas significativas. Y así, los toneleros, tejedores, libreros o herreros, se agrupaban siempre en zonas concretas, en donde la unión gremial hacía que adoptaran sus propias costumbres, normas de convivencia, reglas de comunicación gremial y formas de protección comercial.

 

Esto es algo que todavía hoy se sigue estudiando en las escuelas de negocio. Todos hemos visto cómo, cuando en una calle o zona se abre un nuevo negocio -un bar de copas, por ejemplo- y tiene éxito, inmediatamente y en la misma calle se empiezan a abrir numerosos locales similares, creando así una zona lúdica que, lejos de generar competencia, provoca sinergias económicas que favorecen a todos.

 

Pero además, en una Europa inmersa en pleno Medievo, donde los europeos, como recién nacidos, se estaban asomando al mundo, el gremio, como célula viva de la actividad industrial y empresarial, veía en la asociación grupal, una forma de proteger sus fuentes de financiación, sus canales de abastecimiento y los secretos de oficio, que a fin de cuentas era la forma de diferenciarse de los demás. Cada gremio subsistía haciéndose necesario, y eso tenía mucho que ver con estructurar adecuadamente su oficio.

 

Es interesante a este respecto consultar el libro Los Gremios de Sevilla de Vicente Romero Muñoz.

 

Ciertamente el gremio de canteros o albañiles, que es en sí mismo la suma de varios oficios, que derivan en uno de albañiles constructores, tiene como elemento diferenciador -aunque no único- la naturaleza de sus clientes.

 

El pueblo entero sigue construyendo en adobe, con paja y barro, pero construir con piedra, que es el único elemento que les permitía ganar en altura y solidez, utilizando hierro y argamasa, solo estaba al alcance del poder y el poder era la Nobleza y la Iglesia.

 

Había pues muchos privilegios que preservar, muchas cuestiones gremiales que tratar con la mayor de las discreciones, pues en el secreto del oficio estaba el poder del gremio, como ocurría en todos los oficios, como pasaba en todos los gremios, pero la peculiaridad del cliente hacía que hubiera mucho que perder con la indiscreción.

 

Y es esa dependencia de determinados gremios que asume la Iglesia y el Estado, la que hace que éstos adquieran poco a poco, poder y privilegios, basados en la dependencia de los primeros sobre éstos y así, en el gremio de los constructores, aunque no son los únicos, nos encontramos que, en pleno Medievo, disponían de sindicatos que negociaban los salarios y las condiciones de trabajo en cada obra. Disponían de hospitales de canteros, de sistemas de auxilio social a las familias, que perdían el elemento de sustento y -algo que con el tiempo seria determinante- la posibilidad de libre circulación entre una obra y otra por toda Europa.

 

¿Son los únicos? Pues realmente no; pero sí los que el devenir natural de los acontecimientos pondrá en una situación de privilegio.

 

 

LA ÉPOCA MÍSTICA

 

Durante los siglos XII y XIII se produce en Europa un hecho determinante que provocará más adelante la primera transformación, no solo en el gremio de los canteros, sino en todos los gremios europeos y, por extensión, en toda la sociedad.

 

El papa Urbano II en el penúltimo día del Concilio de Clermont (Francia) el Jueves 27 de noviembre de 1095, proclamó, al grito de '"Dieu lo volti"'(¡Dios lo quiere!), la denominada  Primera Cruzada  (1096-1099). Otras ocho cruzadas -entre mayores y menores- siguieron a ésta, hasta que en 1291 los cruzados evacuaron sus últimas posesiones en Tiro, Sidón y Beirut tras la caída de San Juan de Acre y dieron por terminada esta aventura.

 

Doscientos años de cruzadas, doscientos años de choque cultural, doscientos años en los que Oriente y Occidente se descubren, se enriquecen, se “contaminan” la una de la otra. Ya nada volvería a ser igual. Oriente descubre de Occidente la razón de la fuerza que determinará los siguientes siglos (XIII y XIV) en donde los otomanos por un lado, y los mongoles y tártaros que llegarán hasta Austria por otro, harán sentir a Occidente que han entendido bien la lección.

 

Pero Occidente descubre en Oriente el misticismo, inserto en la tradición oriental y ya nada seria igual.

 

La sociedad se empapa de esta nueva corriente, que encuentra en la organización gremial un lugar donde florecer, los gremios encuentran en lo místico y esotérico, una forma de trasmitir su conocimiento. El gremio no forma ya solo trabajadores instruidos en un oficio: forma hombres, y el conocimiento del gremio es una forma de orientar en la formación técnica y moral. Este es un sistema de formación que perduró casi hasta nuestros días.

 

Cuando yo empecé a trabajar, hace ya demasiados años, todavía quedaban en algunos oficios aquello de que un maestro aceptara a un aprendiz muy, pero que muy joven, en una relación casi de adopción paterna y donde las lecciones técnicas se mezclaban con el descubrimiento de la vida, la moral y la ética.

 

Mi propio padre aprendió así, el -pintor de brocha gorda como se les llamaba- entró bajo la custodia de un maestro pintor a muy corta edad, y bajo esas orientaciones que decían los padres “yo te lo traigo, no es necesario que le des nada, solo que le enseñes y le hagas un hombre”; y así fue: con los años, pasó a oficial y más tarde se independizó siendo maestro pintor, y dándose así de alta en el gremio de pintores que, al menos hasta 1960 existía en Madrid y que reconocía a sus miembros con un carnet profesional para evitar el intrusismo.

 

Occidente descubre Oriente con la misma fascinación con que siglos más tarde, las generaciones jipis volvieron a descubrirla en la última mitad del siglo XX, con fascinación y con perplejidad. Y este misticismo derivará en la magia de la botánica, en la mística caballeresca, en la alquimia filosofal. No tardaría mucho la Iglesia en perseguir tales desviaciones doctrinales, pero mientras tanto, estos 200 años bien podrían conocerse como La Época Mística.

 

El encuentro cultural es un crisol en donde se desarrollan nuevas ideas, florecen los colectivos gremiales y las corrientes iniciáticas.

 

Y nadie estaba más expuesto a esta “contaminación” que las tropas en primera línea de batalla que, tras ganar o perder una plaza, podían estar décadas en una convivencia diaria. Es esta la época en que aparecen las órdenes de caballeros religiosos o monjes guerreros, que tendrán una gran importancia en la siguiente fase de transformación.

 

 

PERIODO DE ACOGIDA

 

Caballeros Teutones, Hospitalarios, Templarios,… eran sólo algunas de las corrientes de estos monjes -es decir, religiosos- que a los votos de castidad, pobreza y obediencia, comunes al resto de las órdenes, unían además el ejercicio de las armas; unos para proteger los caminos, otros para asistir a los peregrinos, los más para expresar con las armas la vivencia de su fe, como indica Santiago Valenti Camp en el primer volumen de “Las Sectas y las Sociedades secretas a través de la Historia”.

 

El aporte de estas órdenes a la actual masonería especulativa es innegable y a ellas les debemos gran parte de los ritos en los llamados grados filosóficos o masonería roja en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Algunos cargos como el de Hospitalario, se les debe completamente, como aporté en una plancha de trabajos, allá por el año 2000 y que pongo a disposición del H\ que la solicite.

 

Expondré aquí algunas peculiaridades que ahondan en la idea de esa corriente mística general y en cómo determinados ritos y costumbres que hoy conocemos, ya se encontraban entroncadas en estas órdenes:

 

 

Quisiera reflejar aquí un breve pasaje del acto de iniciación que relata Santiago Valenti:

 

 “Después que el neófito había asentido a tales exhortaciones se le ponían unas espuelas doradas para significar que habría de acudir presuroso allí donde el honor le llamase… . El orador recorría las reglas y deberes impuestos a cada caballero. Hecho esto, se le preguntaba si tenía deudas pendientes, si era casado; finalmente si deseaba de veras pertenecer a la de San Juan. Si a estas preguntas respondía satisfactoriamente, era recibido y llevado al altar mayor, en donde pronunciaba los votos sobre el misal, y se le declaraba desde luego investido con los privilegios concedidos a la Orden por la Curia Pontificia.

 

Mientras se le revestía con el traje y uniforme de caballero, se le seguía instruyendo en sus deberes … . Todo era simbólico en las insignias exteriores de la Orden de Malta”.

 

 

En la famosísima Iglesia de Roslyn, elevada a la categoría de atracción de circo por El Código Da Vinci en Escocia, pero de innegable interés simbólico, encontramos en uno de los capiteles, apenas perceptible, la representación de una iniciación templaria, en la que se ven dos figuras, un iniciado acompañado por un caballero Templario con casulla y la cruz templaria en el pecho.  Lo interesante es que el candidato, a semejanza de lo que eran las iniciaciones templarias de las que tenemos constancia, está en camisa, con un hombro al descubierto y una soga al cuello.

 

La pregunta es ¿qué tienen que ver las órdenes de caballería de estos monjes guerreros con los gremios de canteros y en qué momento y por qué se produce la integración?

 

Para contestar a estas preguntas hay que situarse en el contexto histórico. Desde que Constantino, el emperador romano, decidió apoderarse del cristianismo como forma de mantener el control del imperio -pues fue éste el verdadero motivo de aquel “movimiento estratégico” y solo hay que leer sobre el concilio de Nicea para aclarar dudas- la Iglesia dejó de pertenecer a los fieles para depender de un organigrama que nació entroncado en el poder del estado. Desde entonces, la Iglesia, entendiendo por Iglesia el organigrama de gestión, control y poder del catolicismo, pues no es hasta el Concilio Vaticano II (1962 – 1963) que se asume que la Iglesia es el conjunto de fieles, desde entonces, digo, siempre ha existido en continua simbiosis con el poder establecido.

 

A principios del Siglo XII llegan a Inglaterra El Cister, Los Dominicos, Los Franciscanos y Los Carmelitas y ya en 1240 se encontraban completamente instaurados y sujetos al poder. Por tanto, desde un principio, los intereses de La Iglesia y los del poder de los reyes y la nobleza son vasos comunicantes que se utilizan como un elemento más en las estrategias internas e internacionales. Es por este motivo que surge la necesidad de mantener un cuerpo doctrinal férreo, que asiente claramente la jerarquía de poder.

 

La época que hemos dado en llamar mística, la época del descubrimiento de Oriente, la época de Las Cruzadas, amenazaba con dinamitar los cimientos de esa estructura de poder que ya desde los albores de la humanidad pretendió conseguir el control completo sobre los ciudadanos incidiendo al tiempo sobre sus cuerpos y sus almas. Todo esto estaba en peligro. Por una parte las comunidades de fieles empiezan a cuestionar el nuevo orden -como ocurre con los Cátaros en Francia que mantienen unas posiciones doctrinales contrarias- y por otra parte estas órdenes de monjes guerreros empiezan a conseguir, mediante los botines de guerra, unas riquezas que les garantizan autonomía de acción, y ambas actitudes representan una seria amenaza al estatus de poder.

 

Mientras Europa se ha empobrecido hasta llegar a la hambruna en la financiación de las aventuras en Oriente, algunas Órdenes se estaban enriqueciendo hasta llegar -como fue el caso de Los Templarios- a convertirse en los banqueros de la corona y por otra parte, mientras Roma intenta construir sólidos cimientos de imperio basados en el control de las almas por la doctrina, las corrientes místicas y adoctrínales hacen peligrar todo el proyecto.

 

De repente el Poder, representado por el tándem Iglesia-Estado, se ve amenazada por dos vías, la vía económica y la doctrinal. La respuesta no se hizo esperar: en 1231, con los estatutos de Excomunicamus del papa Gregorio IX, se instaura la Inquisición. Era la respuesta a quienes osaban poner en cuestión la autoridad oficial y la autoridad doctrinal, y ya nada volvería a ser como antes; Europa entera se preparaba para pasar del misticismo a la oscuridad.

 

La simbiosis entre Iglesia y Estado hace que, desde el principio, los reyes recibieran con entusiasmo a la Inquisición como una herramienta para controlar los desmanes en sus propios reinos, y así solo veinte años mas tarde en 1252, el papa Inocencio IV autoriza la práctica de la tortura para extraer “la verdad”.

 

De los dos peligros que amenazan al binomio Iglesia-Estado se aborda primero la amenaza doctrinal y así Los Cátaros son exterminados, y algunas prácticas netamente místicas son revestidas de los atributos malignos que permitan su persecución: la experimentación con plantas, que entroncaban con los druidas, con los hechiceros y con la magia ancestral, son denominadas brujería y acompañadas con la figura del demonio. La alquimia, la astrología e incluso la medicina, ampliamente desarrollada en el mundo musulmán, también son demonizadas. Con todo ello se consigue pronto un control doctrinal, y ya sólo quedaba abordar la segunda de las amenazas: la económica; pero para entonces -principios del siglo XIV- ya habían terminado las cruzadas.

 

Con el retorno de las órdenes de caballería a Europa se produce una situación preocupante. Nos encontramos con estados empobrecidos y con órdenes militares enriquecidas; las primeras representando al poder, y las segundas ostentándolo de facto; las primeras representando autoridad y las segundas reclamando autonomía.

 

No es sólo que estas órdenes se convirtieran en prestamistas de los reyes, sino que acumulaban más poder y riqueza que éstos, y eso, claro esta, no podía durar mucho tiempo.

 

En 1307 se inicia el cambio. El rey de Francia, con la aprobación del papa carga contra los Templarios; quizá la orden más representativa y por lo tanto el símbolo más contundente para escenificar el ataque. En una sola noche, como siglos después ocurrirá en Alemania en la que se conoce como “la noche de los cuchillos largos”, de forma organizada, todos los altos cargos de la orden son arrestados y sus bienes confiscados a favor de la corona que no sólo elimina así su deuda, sino que se apropia de todas sus riquezas, castillos y tierras. Sugiero la lectura de la obra El Juicio de los Templarios de Malcolm Baber en donde cuenta de forma pormenorizada cómo fue el juicio realizado al Gran Maestre de la orden Jacques Molay y al visitador Hugues de Pairaud entre otros, y cómo se produjeron las caídas de estas órdenes militares. En 1312 por decreto papal la orden es disuelta.

 

Lo mismo ocurre en otras órdenes: unas son disueltas y otras -como la de los Caballeros de San Juan- que derivaba de la antigua orden de los Hospitalarios, es transformada hasta no dejar recuerdo en lo que hoy es la Orden de Malta, tomando el nombre de la isla que les cede Carlos V para apartarlos de Europa.

 

Se produce pues una huida de los miembros de estas organizaciones, una desesperada fuga por la propia vida y un intento por encontrar refugio en donde sentirse a salvo. ¿Dónde refugiarse? ¿Dónde encontrar asilo?

 

Los gremios también estaban bajo sospecha, pues en realidad era la sociedad entera la que estaba siendo sometida, pero no todos de igual forma ni con igual saña. Algunos gremios como fueron los médicos, por ejemplo, fueron especialmente hostigados, para arrancar de ellos la semilla del misticismo en busca de una pureza que fuera aceptable al entronque doctrinal que se pretendía. Otros sin embargo fueron menos presionados y entre ellos, auque no los únicos, estaban los constructores, canteros o albañiles.

 

Este hecho puede deberse a varios factores. Uno el de su proximidad al poder, ya que sus clientes seguían siendo la Iglesia y el Estado, y por lo tanto el entronque con estos les mantenía libres de sospecha; otro el de su enorme discreción, debida fundamentalmente a que necesitaban imperiosamente mantener los secretos de su oficio ajenos a miradas profanas, pues en ello les iba preservar los muchos privilegios que habían obtenido.

 

De entre los distintos gremios, éste de los canteros tenía dos elementos que les hacia especialmente atractivo para muchos de estos caballeros en huida desesperada, el primero es que a fuerza de necesitar preservar los secretos del oficio, el gremio se había convertido en uno de los que más había desarrollado el carácter simbólico y místico que les permitía comunicar intenciones y experiencias a través de pura simbología: el dibujo ayudó mucho en este sentido y otro, en mi opinión el más relevante, era que el gremio de los constructores tenía el privilegio de poder viajar libremente por toda Europa, y eso en ese momento histórico y para personas perseguidas, era un pasaporte de libertad.

 

Si tenemos en cuenta que no es hasta varios siglos más tarde que se empieza a hablar de miembros no operativos, deberíamos pensar que lo que hacen estos prófugos es introducirse en el gremio a través de la misma obra, es decir, no integrándose como monjes o como caballeros, sino como miembros de la obra y aportando a la misma un bagaje de conocimientos y tradiciones que les eran propios.

 

Si esto se produce como consecuencia de que el gremio hace una labor activa de acogida o como consecuencia de que intentaron ocultarse de la persecución presentándose al gremio como meros trabajadores, es algo sobre lo que sólo podemos especular. Lo único demostrado y demostrable es que, sólo mediante este hecho de integración podemos explicar algunos cargos, ritos, formas y símbolos que aparecen en la masonería especulativa posteriormente y que no tienen entronque directo con el gremio de la construcción.

 

El binomio Iglesia-Estado estaba salvado, el sacrificio consumado, la unidad doctrinal sólida, el poder reforzado y saneado, los peligros alejados y una herramienta, como era la Inquisición, perfectamente engrasada para evitar la ilusión de nuevas aventuras, por lo que ya sólo quedaba decidir la hegemonía entre los distintos estados y a eso se dedican con especial ahínco por un lado El Vaticano, intentando consolidar su imperio, España consolidando el suyo, y los Franceses e Ingleses inician la guerra de los 100 años (1337 – 1453). Pero el seísmo que produjo el vuelco hacia el oscurantismo, como consecuencia de la reafirmación del poder del Estado y la uniformidad doctrinal de la Iglesia en Europa no podía pasar sin su réplica, y ésta no tardó en llagar: un nuevo elemento está a punto de presentar sus credenciales en sociedad, el Humanismo.

 

 

DEL HUMANISMO A LA REFORMA

 

La sociedad Europea anhela el aire puro que había perdido, desea o más bien necesita, volver a encontrar un nuevo rumbo que le ofrezca un horizonte atractivo, y éste tiene su origen en el Humanismo que aflora en el siglo XIV bajo la utopía de crear una sociedad de Hombres Fraternos.

 

De esta nueva orientación que pone el énfasis en el hombre sobre el estado y las estructuras, surge un movimiento que servirá para crear sólidos y robustos cimientos de futuro y que llevará el humanismo a la explosión del hombre como centro del universo en un intento de un nuevo despertar: El Renacimiento. Y no podría tener un mejor nombre, ya que es realmente un renacer de Europa intentando buscar en sus orígenes, en el clasicismo, la esencia de un nuevo horizonte que les saque de tanta oscuridad y tanto control. Con él iniciamos lo que conocemos como La Edad Moderna y enterramos definitivamente el Medievo.

 

Este periodo renacentista que nos ocupará desde el siglo XV al XVI asistirá también al fin paulatino de las grandes construcciones de catedrales en Europa con el final del arte gótico, y por tanto a la crisis del gremio de la construcción. Se avecinaban nuevos cambios para este gremio que andamos persiguiendo a través del tiempo en este trabajo.

 

En “La Historia de la arquitectura moderna” de Leonardo Benévolo, podemos leer: La arquitectura renacentista, redescubre los antiguos tratados de construcción griegos y romanos y los reinterpreta hallando nuevas soluciones y experiencias constructivas. El descubrimiento de la perspectiva es un aspecto importante para entender el periodo (especialmente la perspectiva céntrica): la idea de infinito, traída por la manipulación del punto de fuga, fue bastante utilizada como elemento escénico en la concepción espacial de aquellos arquitectos. La perspectiva representó una nueva forma de entender el espacio como algo universal, comprensible y controlable a través de la razón del hombre. El dibujo se hizo el principal medio de diseño y es así como surge la figura del arquitecto solitario (diferente de la concepción colectiva de los edificios medievales).  

 

El gremio entra en crisis.

 

El control total sobre los cuerpos y las almas que creía conseguido el binomio Iglesia-Estado, hace sólo un siglo, derivó en un absolutismo y una perversión hasta límites que hoy nos producirían sonrojo. La Iglesia se corrompió a un nivel difícilmente creíble hoy en día; era la prueba mas evidente de aquella máxima que dice que “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente” y en el caso de la Iglesia de este periodo nunca fue más verdad. Esta situación no podía durar mucho, y el individuo lucha por liberarse. La búsqueda de la belleza, la búsqueda del conocimiento, la búsqueda de las fuentes originales, estaban dando señales de que se avecinaba un cambio, el intento de poner el punto de mira en el individuo en lugar de en la estructura. El humanismo y el renacimiento apuntaban a una imperiosa necesidad por respirar aire limpio.

 

Pero quizá nada hubiera cambiado del todo o hubiera cambiado de forma diferente si no se hubiera producido un seísmo en el propio seno de la Iglesia que hizo imposible que las cosas volvieran a ser como hasta entonces.

 

El 31 de Octubre de 1517, un monje alemán llamado Lutero, hastiado de tanta degradación, clava en la puerta de la iglesia del castillo de Wittemberg las que se conocerían como “las 95 tesis” con las que se inicia oficialmente La Reforma y el gran cisma de la Iglesia Católica.

 

Toda la historia de Europa, desde Constantino, es la historia del binomio Iglesia-Estado y de la fuerza hegemónica que generan pero, a partir de ese momento se producirán pulsos de poder que generarán nuevos equilibrios en ese binomio. Por tanto a partir de este momento y si queremos entender adecuadamente esos juegos de equilibrio, tendremos que atender por igual a los movimientos en la Iglesia, a los movimientos en el Estado y a las relaciones entre ellos.

 

 

 LA REFORMA Y LA CONTRARREFORMA

 

Lutero no pretendía crear una nueva religión. Tan solo pretendía, como siglos antes habían hecho los cátaros y de forma más modesta los franciscanos, protestar (por eso el nombre de protestantes) contra los abusos y desmanes a los que estaba llegando la Iglesia, y pretendía volver a una Iglesia más auténtica, más cercana a las escrituras, más alejada del poder terrenal, de ahí la necesidad de traducir las escrituras como una forma de acercar al creyente a la palabra de Dios, sin intermediarios, en un intento de rebajar el poder de ésta al negarle su condición de intermediario entre el creyente y Dios.

 

Eso, claro está, era una herejía; no porque lo fuera en sí mismo, sino porque socavaba el poder de la Iglesia. El tres de Enero de 1521, sólo tres años después, Lutero es excomulgado, pero un cúmulo de intereses encontrados juega a su favor, y propicia las situaciones favorables para que no cayera en el negro pozo de la historia.

 

Lutero no estaba más que diciendo en voz alta lo que era un clamor en el sentir de gran parte del pueblo europeo. La Iglesia se había convertido simplemente en un poder terrenal. No era el primer intento de rebelión: ya en 1401 los Lolardos en Inglaterra habían traducido la Biblia al inglés y se habían revelado, dirigidos por John Aldcastle, contra Enrique V en una rebelión que los llevó desde 1401 a 1414. La intención era la misma: conseguir una iglesia más auténtica, alejada del poder papal y retornar a las esencias primigenias. Aquella rebelión había sido aniquilada y también podría haber ocurrido lo mismo con Lutero, pero la situación en 1517, en Alemania, no era la misma.

 

Por una parte los humanistas acogen a Lutero como uno de los suyos: a fin de cuentas ambos abogan por lo mismo, por devolver al hombre su protagonismo en detrimento de las estructuras de poder, la de regresar a una sociedad fraterna de hombres libres. Y es el mismo Erasmo uno de los primeros en proteger al monje hereje.

 

Por otra parte, la estructura del estado en Alemania y en todo centro Europa (lo que hoy seria Holanda, Austria, Bélgica, Países Bajos) formaba parte del denominado Sacro Imperio Romano Germánico del que Carlos I de España y V de Alemania era el emperador y por tanto, el garante y guardián de la ortodoxia.

 

No es difícil de entender que los nobles europeos encontraran en la reforma luterana una forma de generar también su propia protesta, aunque en este caso no era tanto contra la Iglesia, sino contra su emperador, que vivía lejos y del que, ya entonces, pugnaban por independizarse.

 

Lutero respondió de forma inteligente y casi desde el primer momento apoya a la nobleza, pues viendo que su apoyo era imprescindible para protegerse de Roma, declara que la autoridad de la nobleza es legítima, pues emana de la voluntad de Dios. La perversión de esta acción es que, si el poder de la nobleza emana de Dios, entonces no se la deben al emperador y les legitima para defender sus intereses ante éste.

 

Con todo, cuanto más presión ejerce Roma y el Sacro Imperio contra La Reforma, más necesidad hay de apoyarla por parte de los poderes locales, pues de esa forma se refuerza la lucha por la autonomía pretendida.

 

Al no plantearse como una religión en sí, sino más bien como la necesidad de una profunda revisión, da pie a que desde el principio afloren diferentes posturas, que originarán lo que hoy denominaríamos como “diferentes sensibilidades” a partir de las cuales se presentarán distintas concepciones religiosas, dentro de la llamada Iglesia Reformada.

 

La principal viene dada por las aportaciones que Calvino hace en Suiza. De sus aportaciones teológicas se derivará una nueva corriente, convirtiéndose junto a Lutero, en los dos impulsores intelectuales del movimiento.

 

Lutero genera lo que denominamos como Protestantismo o Luteranismo; Calvino va mas allá y desarrolla una nueva rama, el Calvinismo, de la que con posterioridad aflorarán los Presbiterianos, y de esta última los Puritanos, en un continuo ir más allá, en busca de la autentica fe, de la puridad teológica, de las fuentes del cristianismo. Ese ir más allá culmina en el movimiento puritano que ya no aboga por un hombre puro ante Dios, sino que desarrolla una vertiente política y lucha directamente por crear la sociedad de Dios en la tierra, para lo que con el tiempo tendrán que emigrar a América y de lo que hablaremos más adelante.

 

Un caso aparte es lo que está ocurriendo en Inglaterra que a partir de este momento, nos merecerá una atención especial, pues desarrolla su propia y peculiar reforma.

 

Si ciframos el inicio de la reforma en 1517, tenemos que decir que sólo ocho años antes había accedido al trono de Inglaterra un personaje que será fundamental para entender cómo se desarrollan las relaciones Iglesia-Estado en la Inglaterra del siglo XVI. Enrique VIII (1509-1547) aparece en la escena internacional europea para convertirse en el dinamitero que hará saltar por los aires definitivamente las relaciones existentes y creará un nuevo paradigma al cual la Iglesia, esta vez no católica, inmediatamente se unirá.

 

Este proceso y los acontecimientos que a partir de aquí se desarrollan serán determinantes para entender la aparición -doscientos años más tarde- de la masonería especulativa pero, no adelantemos acontecimientos.

 

Poco imaginaba el papa cuando en 1531 nombra a Enrique VIII “defensor de la fe”, que sólo dos años más tarde -en 1533- tendría que excomulgarlo y el enorme “roto” que el monarca produciría en las relaciones Iglesia-Estado en Inglaterra, “por culpa de una mujer”.

 

El rey se había enamorado de una cortesana, de una doncella de la reina, de Ana Bolena, mujer ambiciosa hasta el límite, que aprovecha la obsesión que el rey tiene de tener un heredero varón que no consigue con la reina, para meter cizaña en el matrimonio hasta conseguir que el rey quiera divorciarse para desposarla. Y no hubiera habido ningún problema si no fuera por un pequeño detalle: la reina en cuestión no era una plebeya, era nada menos que Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos, hermana de la reina Juana y tía del emperador Carlos I de España, emperador del Sacro Imperio. Enrique VIII tenía un serio problema para conseguir sus objetivos si la reina no accedía de propia voluntad, cosa a la que una princesa católica española y reina de Inglaterra como Catalina, no tenía ni la más remota intención de acceder.

 

El rey presiona, el papa resiste y tras mil intentos de mediación, el rey se impacienta, fuerza, amenaza y se planta. Él es el rey de Inglaterra, y su voluntad es ley. No puede consentir que el papa determine su voluntad, a fin de cuentas el Obispo de Roma, como le llama, no es más que eso: un Obispo. Y todos los de Inglaterra están bajo su control.

 

La Reforma es la excusa que necesita. Inglaterra tenía una larga tradición de enfrentamientos para conseguir cotas de autonomía frente al papa. La revuelta de los Lolardos, de la que hemos hablado, no fue ni la primera ni la única; los estatutos de Mortmain (1279), Provisors (1351) y Praemunire (1393) fueron también sucesivos intentos por conseguir la independencia jurídica frente al papa. Había por tanto un caldo de cultivo propicio para que la sociedad aceptara un golpe de autoridad en este sentido, y además la Reforma de Lutero corría por Europa como la pólvora generando cada día un nuevo frente. Las dos personas que en aquellos momentos se interponían a la voluntad del rey Enrique eran el papa y el emperador Carlos. Pero Enrique no quería sustituir una iglesia por otra; a fin de cuentas, tampoco fue nunca su intención la de crear una nueva religión, tan solo la de someterla, la de controlarla, la de domesticarla.

 

En 1534 Enrique da el golpe de gracia: promulga el acta de Supremacía con la que el rey se convierte en el Jefe de la Iglesia de Inglaterra, es decir de la Iglesia Anglicana, (Iglesia Anglicana quiere decir Iglesia Inglesa bajo la autoridad del rey), generando así lo que deseaba: su propia Iglesia; una Iglesia cristiana y reformada que ya no depende del papa, sino de su autoridad, generando así una corriente dentro de la reforma no entroncada directamente con el luteranismo.

 

Solo dos años después, en 1536, para proporcionar dinero a la corona, Enrique iría un paso más allá para reafirmar su autoridad y su independencia, disolviendo los monasterios en Inglaterra y adueñándose de sus propiedades, adelantándose unos siglos a lo que Mendizábal haría en España.

 

El esquema de la reforma resultante quedaba así:

 

 

 

 

El sueño romano de una Iglesia única, unida, con un solo cuerpo doctrinal bajo el yugo de la Inquisición, había saltado por los aires. La Iglesia romana tenía que redefinirse si no quería pasar a ser una corriente residual, tenía que determinar claramente dónde estaban los límites aceptables y cuál era la línea que no se estaba dispuesto a pasar. La Iglesia necesitaba hacer una Contrarreforma que diera respuesta al movimiento reformista.

Aunque en la Iglesia romana se la conoce como La Reforma Cristiana, históricamente se la conoce como La Contrarreforma y cubre los diecisiete años, de 1545 a 1562 que dura el concilio de Trento que se convoca a tal efecto, en donde se adoptan -entre otras- algunas líneas maestras que marcarán límites infranqueables, abismos de separación hasta nuestros días:

 

 

Quedaba establecido un abismo doctrinal que lejos de acercar, reafirmó, según mi opinión con cierta soberbia, la autoridad de Roma. Ese abismo doctrinal se reflejaba claramente en el concepto de salvación:

 

 

Este es un punto que tendrá una insospechada importancia cuando siglos más tarde se redacten las Constituciones dando origen a la masonería especulativa, pues el carácter calvinista de los dos ponentes – uno presbiteriano y el otro directamente calvinista – propicia que se pueda dar una redacción abierta. El concepto de Gran Arquitecto del Universo no hubiera sido posible desde una visión luterana y menos desde una visión católica.

 

Doscientos años aguardaban a Europa -y de forma relevante a Inglaterra- de guerras de religión. El cisma teológico no saldría gratis: mucha sangre habría que derramar hasta que la sociedad dijera ¡basta!, y eso también tiene mucho que ver con la aparición de la masonería especulativa.

 

Como vemos, la historia poco a poco se va decantando en una sucesión de causas y efectos, pero para tener todas las claves todavía nos queda un largo recorrido por los años que nos lleven hasta el XVIII.

 

 

 GUERRAS, GUERRAS Y MÁS GUERRAS

  

Tres fueron los hijos reconocidos de Enrique VIII, y no sin pocos vericuetos -propios de la mejor de las novelas Shakesperianas- fueron sucediéndose uno tras otro en el trono de Inglaterra.

 

Eduardo VI (1547 – 1553) protestante, María I (1553 – 1558) católica e Isabel I (1558 – 1603) nuevamente protestante y entre medias, los unos persiguiendo sin piedad a los otros.

 

Cuando María I llega al trono de Inglaterra, impone por la fuerza nuevamente la obediencia al papa, tirando por tierra la reforma de su padre y creando un cisma en la nación. El papa no estaba dispuesto a volver a perder Inglaterra, ahora que había vuelto al poder y pone a disposición de la soberana la fuerza de la Inquisición.

 

Sólo dos años después de llegar al trono, en 1555, comienza la quema de herejes. Muchos tienen que huir del país y entre ellos un grupo de puritanos se refugian en Holanda. Ese grupo de puritanos tienen su importancia en la historia, pues posteriormente, en 1620, protagonizaran la odisea del Mayflower, y ante la imposibilidad de crear la tierra de Dios en Europa, llevarán el puritanismo presbiteriano a colonizar el norte de América. Es tanto el sufrimiento, que a punto estuvo de crear una guerra civil.

 

A la muerte de ésta, su hermana Isabel regresa de inmediato al Acta de Supremacía y rompe nuevamente con el papa, llevando éste a excomulgarla en 1570.

 

Solo un año después de la toma de posesión, sustituye a todos los Obispos menos uno, por protestantes radicales e inicia una nueva persecución, esta vez de católicos.

 

Desde entonces, la sucesión de los distintos monarcas Ingleses está íntimamente ligada a su adscripción religiosa. La reforma había intentado dinamitar el binomio Iglesia-Estado y al final teníamos el mismo binomio, en donde sólo había cambiado uno de los protagonistas: habíamos cambiado a la Iglesia romana, por la Iglesia reformada, pero el tándem Iglesia-Estado seguía más vivo que nunca. Ahora era determinante para decidir quién reinaba y quién no. Hasta tres casas reales (los Tudor, los Estuardo y los Hannover) se fueron sucediendo y siempre por cuestiones religiosas.

 

Esta situación de guerras de religión, perpetuas y enquistadas, no se daba sólo en Inglaterra, sino en toda Europa. Era una lucha por el poder sin cuartel ni prisioneros. En Francia, en 1572 Juana d’Albret viuda de Antonio de Borbón y Catalina de Medicis, viuda de Enrique II, quisieron reconciliar a los franceses y para ello pactaron el casamiento de sus hijos Enrique de Navarra (luego Enrique IV) y Margarita de Valois. Miles de cristianos y protestantes se juntan en Paris para asistir a la boda, el resultado fue la conocida como Noche de San Bartolomé en la que se cree que, en una sola noche, entre cinco y diez mil protestantes fueron asesinados en las calles de Paris en un  autentico baño de sangre.

 

Mientras, en Inglaterra con Jacobo I (1603 – 1625) los protestantes se hacen fuertes en el poder, para que, a continuación, con Carlos I (1625 – 1642) sean los anglicanos. Todo sigue por el mismo camino, el lugar que hasta ahora ocupaba la Iglesia romana en el binomio de poder Iglesia-Estado seguía sin un dueño definitivo.

 

Este orden de cosas no podía acabar bien y cuando se fuerza a los pueblos hasta el límite, el resultado siempre suele ser el mismo: el pueblo se revela. La revolución estaba servida y las consecuencias serían impensables.

 

Dos guerras civiles consecutivas (1642-1646) y (1646-1649) acaban con la decapitación del rey (Carlos I es decapitado en 1649), ciento cuarenta años antes de que lo hicieran los franceses y como luego ocurriría en Francia, acompañado de un periodo republicano, en su mayor parte bajo el protectorado de Cronwell. Durante este periodo, los puritanos y presbiterianos instauran un control religioso estricto, como era costumbre cada vez que cualquier corriente emergente alcanzaba el poder.

 

Más tarde, con el fin de la república en 1660 regresa nuevamente la monarquía con ansias de revancha y nuevamente asistimos a una continua sucesión de monarcas que vienen acompañados de sus correspondientes creencias religiosas.

 

Con Carlos II (1660 – 1685) se instala la supremacía anglicana y se prohíben todos los servicios religiosos no anglicanos, relegando -y en su caso persiguiendo- a los no anglicanos. Luego llegó Jacobo II (1685 – 1689) que era en realidad un católico. ¿Qué hizo? Pues claramente perseguir a los anglicanos y la paranoya de esos tiempos tiene su cénit cuando se plantea su sucesión.

 

Jacobo II tenía dos hijos y cómo no, uno era católico, el heredero, y el otro (María) era una protestante casada con Guillermo de Orleans de las casas reales francesas, que era calvinista.

 

Pues bien, los protestantes Ingleses ante la disyuntiva de ser gobernados por un rey católico, solicitan a Guillermo de Orleans que invada Inglaterra y le ofrecen, si así lo hace, la corona del país británico. A tal nivel habíamos llegado.

 

En 1689 se firmaría una carta con la intención de no volver a verse en otra situación igual, en la que se obliga en lo sucesivo a todos los reyes de Inglaterra a ser protestantes.

 

 

 LA INTEGRACIÓN SOCIAL

 

¿Y mientras tanto, qué estaban haciendo nuestros canteros? ¿Cómo estaba evolucionando el gremio?

 

Están en pleno periodo de crisis gremial: las grandes obras están acabando, el oficio se está transformando, el conocimiento se esta trasladando a las Universidades y por lo tanto a punto de empezar a sufrir una fuerte reconversión, que nada tendrá que ver con la primera del encuentro con el misticismo, ni con la segunda de integración con las corrientes de caballería.

 

Para ver y entender qué es lo que pasa y cómo se va produciendo el cambio de forma paulatina, sólo tenemos que tener en cuenta qué es lo que suponía la construcción de una catedral o de un gran castillo para una ciudad o pueblo. Estamos hablando de 100 o 200 años de obras, y eso supone 5 o 10 generaciones.

 

El problema que tenemos muchas veces es que, cuando pensamos en una obra, lo hacemos en términos actuales. Pongamos como ejemplo las faraónicas obras realizadas últimamente en Madrid: hasta Madrid llegaron enorme cantidad de trabajadores de Senegal, Rumania, Polonia, Marruecos, etc. Las obras duraron cuatro años y a su terminación la mayoría de los trabajadores ya se habían desplazado a la construcción de otras grandes obras civiles.

 

¿Pero qué ocurriría si, Dios no lo quiera, las obras hubieran durado 200 años? Para cuando la obra hubiera terminado, lo que empezaron Senegaleses, Turcos y Ucranianos, lo terminarían las 10 nuevas generaciones de españoles posteriores. Desplazarse ya no seria tan fácil y además ¿a dónde ir si ya no hubiera obras? Estamos asistiendo a la reconversión del sector.

 

¿Cómo habrían evolucionado las relaciones personales y sociales después de tanto tiempo? Pensemos que durante generaciones y generaciones las relaciones sociales y personales se habían desarrollado por, para y alrededor de La Obra. Cuando ésta termina ¿qué hará esa gente? Seguramente seguir viéndose, seguir reuniéndose, seguir compartiendo con sus HH\ de oficio el día a día, aunque, a buen seguro, años antes del fin de la obra y a medida que esta fuera decreciendo, muchos de sus miembros habrían tenido que ir buscando nuevas ocupaciones.

 

Tengamos en cuenta dos cuestiones importantes:

 

Cuando da comienzo una obra de la magnitud de las que hablamos, al principio necesita una enorme cantidad de trabajadores de fuera, pero, a medida que avanza la obra, se generaba una sinergia de crecimiento enorme y para cuando estaba terminada, su entorno se había trasformado, pues el crecimiento de población había traído un crecimiento del comercio y éste un enriquecimiento de la zona, por lo que no era difícil pensar que muchos, arraigados en la misma zona por muchas generaciones, encontrarían formas de subsistencia en otras ocupaciones y mucho más si, como consecuencia de la caída de la demanda, ya no era tan fácil irse a otra obra.

 

Pero por otra parte, también tenemos que tener en cuenta que esto no era algo brutal, de un día para otro, como si de un cierre patronal se tratara. La obra eran mil pequeños oficios, mil especialidades y éstas iban terminando poco a poco. Los que trabajaban la piedra bruta que se utilizaba en la cimentación y en los muros, iban terminando y dejando paso a los que la tallaban, que se encargaban de los revestimientos, paralelamente llegarían los carpinteros y a continuación los artistas que se encargarían de los últimos detalles, sin contar con los vidrieros, campaneros, forjadores y mil y una actividad que, para cuando la obra se diera por terminada, algunos haría décadas que habrían terminado.

 

En una obra de esta envergadura, que podía durar 10 generaciones y en un gremio que dependía tan directamente de mantener el secreto -es decir, de trabajar como piña- era habitual que familias enteras trabajaran en la obra: padres, hijos e incluso se tienen datos de algunas mujeres que ocupaban el lugar de sus maridos cuando estos fallecían en la obra, para poder sacar sus familias adelante, trabajarían conjuntamente.

 

Cuando las obras abundaban, según unos miembros terminaban se iban adelantando a otra y poco a poco el resto de la familia se iba uniendo, o bien toda la familia se trasladaba a una nueva ubicación, pero, ¿qué hacer cuando ya las obras escasean? ¿Cómo mantener la unidad familiar? La única forma es que, a medida que unos miembros terminan sus funciones en la obra y aprovechando las nuevas oportunidades que ofrece una zona en crecimiento, encontraran acomodo en otras ocupaciones, y éste es el lento proceso que se va generando en un gremio en crisis.

 

La crisis en el sector propicia que, poco a poco empiecen a aparecer miembros no operativos, unos porque siempre pertenecieron a él, aunque ahora se dediquen a otras ocupaciones y otros porque siempre estuvieron cerca de la obra.

 

Cuando hablamos del secreto del gremio, tenemos que pensar sólo en eso, en los secretos inherentes a la realización del gremio, pero durante la obra hay mil cosas de las que hablar y mil cosas de las que debatir, e imperiosamente, es necesario que se integren otras personas relacionadas, aunque no directamente integradas en el gremio: es importante hablar con los proveedores, para planificar los suministros, con los abades, para la financiación de la construcción, con los transportistas que ayudan al acarreo de las piedras y los útiles de aquí para allí. Además, después de 10 generaciones, seguramente los lazos familiares entre unos y otros serian considerables, y por lo tanto estaban acostumbrados a verse, a convivir, a hablar de mil cosas, más allá de los secretos propios del oficio. ¿Cómo podrían dejar de hacerlo cuando las obras empiezan a escasear y dejan por tanto su tradicional trashumancia?.

 

Hoy en día seguimos asistiendo al mismo proceso una y otra vez, y solo tenemos que mirar con una cierta atención. No es tan misterioso lo que pasó entonces con lo que cada día vemos en mil gremios que agonizan en nuestros días.

 

A las reuniones fraternales de pescadores, vemos acudir, como uno más, a antiguos pescadores, que hoy son jubilados, o a aquel que se tuvo que comprar un quiosco, porque la mar no le daba para comer o ese otro que decidió dejar las redes por problemas de salud.

 

Vemos cómo los ex militares se reúnen y lo hacen utilizando sus uniformes, sus graduaciones, sus rituales, pues es lo que les hace sentirse integrados y miembros de la misma comunidad.

 

Esto es lo que estaba pasando en nuestras Logias, en nuestras reuniones de constructores, que poco a poco y en la medida en que el trabajo empezó a escasear y por lo tanto ni los salarios eran ya los de antes, ni las condiciones eran las mismas, ni las expectativas eran las deseables, algunos de sus miembros fueron cambiando de actividad, manteniendo el contacto y la relación con sus compañeros y luego, a medida que las obras iban terminando y el trabajo empezaba a escasear, las reuniones eran más para hablar de otras cosas y no de la obra.

 

Este es un largo periodo de decantación, no es algo rápido, pero sí constante; y propicia que paulatinamente y siempre como invitados, como agregados, como “tolerados” vayan, primero poco a poco y luego cada vez con más presencia, apareciendo hermanos no operativos dentro de las Logias. Es un periodo que he dado en llamar “de Integración Social”. Los poderosos, los reyes y los intelectuales, llegarían mas tarde y por otros motivos.

 

Este proceso no se hubiera podido producir en otro contexto histórico: es propio de un proceso de desintegración gremial.

 

La situación había llegado a tal punto que el 28 de diciembre de 1598 y bajo la dirección de William Schaw, se realiza una reunión de maestros masones en Edimburgo (Escocia), en donde se redactan lo que se conoce como Los Estatutos de Schaw  -que acompaño como apéndice a este trabajo, por si algún H\ tiene curiosidad- y en el que la masonería operativa en Escocia se ve en la obligación de reorganizarse y crear una serie de dependencias estructurales, en donde podemos ver claramente que se está planteando un escenario nuevo de obras menores, en donde para evitar disputas, es necesario reorganizar el gremio en un oficio profesional, debidamente estructurado en toda Escocia.

 

Hay un cierto consenso al considerar este documento como clave para establecer posteriormente en las constituciones las estructura jerárquicas a aplicar, y por esto, al considerar esta posible relevancia, lo acompaño como anexo al presente trabajo.

 

El que las Logias fueran poco a poco pluralizando sus debates, aparece pues como una consecuencia lógica del momento. Las preocupaciones ya no son sólo y únicamente las constructivas. Hay problemas que afectan a todos, y que son de otras índoles. La aparición de gente ajena al oficio ayuda a pluralizar las ideas, y poco a poco se va creando un caldo de cultivo propio para la siguiente transformación que ya estaba llamando a la puerta; y esto es así, pues hay datos de la gran simpatía que algunos humanistas tenían por el gremio ya en este periodo.

 

Imaginemos ahora a estos grupos en el contexto histórico que hemos relatado anteriormente.  ¿De qué podrían estar hablando? ¿Qué temas serían los que les preocupaban?.

 

En un contexto de enfrentamiento religioso continuo, en donde era la misma vida la que estaba en juego, con el humanismo y el renacimiento en una búsqueda inconsciente de un espacio laico de convivencia, el secreto que había ayudado a mantener los privilegios del oficio, se convierte ahora en fundamental para preservar la discreción necesaria para conservar la vida, contribuyendo así a crear -sin pretenderlo- un espacio de convivencia interreligiosa que fue determinante para facilitar la siguiente integración.

 

Ya vimos que el oscurantismo del siglo XIII y el desequilibrio que genera el poder del binomio Iglesia-Estado, genera la necesidad en el XIV de cambiar el punto de vista hacia el hombre en la búsqueda de la utopía de hombres fraternales con el humanismo, y esto a su vez desemboca en el XV en la explosión que fue el Renacimiento en donde “nada de lo humano nos era ajeno”. Ya no había vuelta atrás: el hombre anhelaba libertad, deseaba llenar sus pulmones de aire fresco, pero la reforma y la contrarreforma hacen pensar que se puede volver al pasado, que todo se puede perder. Es necesario encontrar una solución. En esta ocasión, es necesario encontrar un sustituto, no a la espiritualidad, consustancial al sentimiento Europeo desde el siglo XII, pero sí a la religión que amenaza con enquistarse como un cáncer que solo reclama sangre y más sangre, y tras más de doscientos años de guerras de religión, el hartazgo es grande y la necesidad de cambio imperiosa.

 

En el humanismo y el renacimiento se había colocado al hombre en el centro del tablero, y sería en este hombre en donde se encontrará la solución. Como continuación a las ideas iluministas, ante la razón de la fuerza que representa la Religión, se impone la fuerza de la razón. Llega el siglo XVII y con él La Ilustración que abarcará desde el racionalismo del XVII hasta la Revolución Industrial del XVIII.

 

 

LA ILUSTRACIÓN – LA INTEGRACIÓN INTELECTUAL

 

La Ilustración es la consecuencia lógica a la situación histórica: el hombre emancipado, lucha por romper el yugo que le impone el binomio Iglesia-Estado y necesita encontrar una solución a tantos siglos de enfrentamientos y luchas intestinas de religión. Hay que ofrecer a la sociedad una alternativa a la religión y aquí es importante hacer una salvedad. Europa nunca renunció a la espiritualidad ni al carácter místico con que se había contaminado siglos antes: el componente espiritual es consustancial al sentimiento Europeo. Contra lo que había que luchar era contra la Religión como institución, como poder terrenal y contra el poder del Estado, contra la Iglesia que como un inmenso yugo asfixiaba todo intento de libertad.

 

Ese grito desesperado descubre en el hombre la solución “Pienso, luego existo”. Es una declaración de intenciones, no es algo premeditado. En esto, como en tantas cosas, los motivos y las razones históricas difícilmente son entendidas por sus protagonistas, pues difícilmente la bacteria que habita en la gota de agua puede tener conciencia de la gota misma, y solo cuando analizamos los acontecimientos en su contexto histórico y con suficiente perspectiva, entendemos que hay motivos y relaciones de causa efecto que justifican los hechos. Las cuestiones históricas no son nunca “porque si”, sino que responden a motivos que las justifican.

 

Si existo porque pienso, no existo por voluntad de Dios; existo porque soy, existo por mí, existo por mi razón y la solución está en mí. La iluminación no viene de fuera, la iluminación procede del interior, la iluminación la aporta el saber, el conocimiento, la razón y la verdad, es el mismo proceso por el cual Lutero ganó a los nobles y éstos encontraron la justificación para enfrentarse al emperador. Cuando Lutero dijo que la nobleza encontraba su justificación en la voluntad de Dios, estaba reconociendo indirectamente que no lo era por la voluntad del emperador y eso facilitó el enfrentamiento de éstos para con aquél. Es en sí mismo una revolución, un intento desesperado de crear una sociedad laica, de romper de una vez por todas el binomio Iglesia-Estado y de diferenciar la religión como sistema de poder de la experiencia personal de la espiritualidad.

 

Hay muchos indicios que apuntan en esa dirección. Ya desde el Humanismo se estaba buscando una sociedad de hombres fraternales y en el Renacimiento asistimos a numerosos intentos de crear un espacio libre de ataduras; pero nos encontramos que ya a principios de la Ilustración en el inicio del siglo XVI las organizaciones que luchan por una sociedad laica empiezan a abundar sobre todo en Francia, que se convierte en el epicentro de estos movimientos.

 

Es a principios de este siglo XVI que se crea el llamado Movimiento Misterioso de la Rosa Cruz, para buscar, según sus principios “una Europa liberada de conflictos religiosos”, y ya en 1630 tenemos referencias de un Escocés, Cheulier Marey, al que algunos identifican como el primer masón especulativo del que se tienen referencias, que pertenecía a una organización francesa llamada “Los Hermanos Ocultos” y que luchaba también por una sociedad laica. Yo no estoy de acuerdo con esta opinión, pues en realidad no pertenecía a ninguna asociación vinculada al gremio de constructores; al menos que se conozca, sino a uno de tantos grupos que por aquellos tiempos se reunían, debatían y luchaban por el mismo tipo de sociedad.

 

Tenemos la costumbre de identificar a todos estos movimientos como movimientos masónicos, pero esto es un error. Al igual que ocurrió siglos antes, la masonería era uno más de estos grupos en donde las ideas fluían. Lo que sí podemos determinar es que existía una autentica necesidad de acabar con el periodo de enfrentamiento religioso, buscando una alternativa que superara esta etapa y los foros donde esto se debatía, fluían y bullían como autenticas calderas. Había pues una necesidad de crear una sociedad nueva basada en la fuerza de la razón, construida sobre la luz del conocimiento.

 

Algunos lugares de Europa, como el caso de Lyon, eran auténticos hervideros. La aparición de una alternativa -la idea de trascendencia mediante la iluminación de la razón- era la idea fuerza que se necesitaba para catalizar los sentimientos de emancipación intelectual, y Europa estalló en mil ideas de libertad.

 

El catolicismo no encuentra respuestas a la Ilustración. En La Reforma intentó contestar con La Contrarreforma; pero no había respuesta a la Ilustración, y sin embargo era el mayor ataque a su doctrina y a su autoridad. Sólo podía contestar de una forma: atacando, enrocándose y aumentando la crueldad de la persecución. Pero en este caso la situación es más desesperada. Con La Reforma protestante había perdido el control de media Europa, pero ahora asistimos a movimientos de librepensadores en Alemania, en Italia, en Francia y por supuesto en Inglaterra. Desgraciadamente en España, como siempre, llegaríamos mucho más tarde y la causa no es otra que la de habernos convertido en los paladines de la Iglesia amenazada.

 

En realidad, como tantas veces antes, no se trataba de crear una nueva religión basada en la razón. El intento siempre fue -durante siete siglos- librarse del poder terrenal de la Iglesia y llevarla a un plano más espiritual y al terreno de lo personal. Los ilustrados creían y preconizaban que a través de una filosofía racionalista y de la ética, se podía llegar al conocimiento de Dios, aunque hubo quien, como Voltaire o Rousseau llegaron mas lejos, criticando y cuestionando la existencia misma de la Iglesia y del Estado.

 

En la búsqueda de esta sociedad laica, era necesario crear una filosofía también laica que diera sustento, y es en el pensamiento de filósofos como Espinoza donde podemos encontrar las raíces de estos intentos que llevan a pensar que Dios y la Naturaleza son uno y lo mismo.

 

El hecho de que no se intentaba instaurar una sociedad meramente racionalista, alejada del espiritualismo y elevar la razón al lugar de Dios, lo demuestra que se recuperaran antiguas corrientes entroncadas con la época mística, en donde se intenta buscar la naturaleza misma de la razón, y así encontramos a personajes como Newton que estuvieron seriamente interesados en la Alquimia, hasta el punto que llegó a realizar trabajos y estudios en busca de la piedra filosofal. Nada era irrelevante en la búsqueda de la verdad.

 

En la enciclopedia Wikipedia podemos leer:

 

“Se tenía una concepción espiritual de la iglesia. La religión se convierte en un compromiso personal con Dios, abandonando las imposiciones de esta institución (se refiere a La Iglesia) que según los ilustrados ocupan el lugar de Dios”.

 

Y todo este tsunami prosiguió hasta estallar el 14 de Julio de 1789 en Paris, en forma de una Revolución, que cambiaría el mundo. Pero hasta entonces todavía quedaban cosas que hacer.

 

La Ilustración no surge como un movimiento estético, político o religioso, sino como un movimiento intelectual. Son los intelectuales los que asumen el rol de motores del pensamiento, y por tanto promueven y participan en los círculos donde el pensamiento se crea, integrándose en unos y creando muchos nuevos.

 

Para entonces las logias de canteros están suficiente “contaminadas” de no operativos y han sobrevivido por su carácter sumamente discreto. Sus usos y costumbres -pulidos y perfeccionados durante siglos para preservar los secretos de un oficio que les reportaba numerosos privilegios- sirvió para que con el paso del tiempo, al no tener que custodiar esos secretos gremiales, pues el fin de las grandes obras y el desarrollo de las universidades que, en un intento de acabar con los privilegios gremiales habían democratizado el conocimiento del oficio, había servido no obstante para mantener en la máxima discreción unas conversaciones y debates que, en pleno periodo de guerras de religión, podían costar la vida a la menor indiscreción.

 

Fue esa necesidad de preservar la vida, la que llevó a mantener la discreción gremial; y fue esa discreción la que hizo de las logias un foro ideal de encuentro interreligioso. La porosidad a nuevos miembros de la sociedad hizo el resto.

 

Para cuando llegó la Ilustración, las Logias, aunque todavía con un gran componente operativo, sobre todo en Escocia, por razones que luego contaremos, estaban en una posición ideal para servir como auténticos imanes a los nuevos pensadores. Ciertamente no eran los únicos. Ya hemos comentado que otras organizaciones como los Rosacruces estaban apareciendo, y numerosos foros y grupos estaban intentando buscar esa auténtica piedra filosofal de la razón; pero éstas eran siempre organizaciones nuevas, apuestas nuevas a la luz de los nuevos acontecimientos.

 

La masonería presenta por el contrario una discreción demostrada durante siglos, que favorece la participación de numerosas personas que pretendían estar a salvo de posibles represalias y a cubierto de persecuciones, y sobre todo aporta algo fundamental en esos momentos que será fundamental para convertirla, pasado el tiempo, en auténtico símbolo: ofrece un entronque con la historia y con la tradición.

 

Se muestra pues como algo atractivo a los intelectuales, a los humanistas que todavía quedan, a los ilustrados que quieren participar en foros libres, pero discretos, y por último a los nobles y al propio poder que dirigen su vista hacia una institución que creen poder controlar.

 

Se produce pues la última gran integración: la intelectual, y con ella también la de las clases altas. Todo está listo para el último acto.

 

 

 INGLATERRA Y ESCOCIA, DOS REALIDADES DIFERENTES

 

A principios del siglo XVIII la realidad masónica en Inglaterra y en Escocia es muy diferente. Y todo por un hecho fundamental: en Inglaterra hacía tiempo que ya no se utilizaba la piedra para construir, sino el ladrillo, con lo que las obras se acortaban y no se requería de trabajos especializados en piedra; mientras que en Escocia todavía se utilizaba la piedra como elemento fundamental de construcción.

 

Esto no impedía que en uno y otro sitio los no operativos hacía tiempo que estuvieran empapando sus filas, pero sí justifica que sea en Inglaterra donde antes se llegue a logias enteramente no operativas, mientras que en Escocia hasta algo más tarde, no se termina de completar este proceso, con alguna excepción, como la Logia que funciono en Haughfoot durante 1702 – 1764 en donde todos sus miembros eran ya no operativos. Pero realmente esto en Escocia era una clara excepción, pues no es hasta 1728 que se tienen noticias de que una Logia Escocesa eligiera a un no operativo para un cargo, a pesar de que éstas estaban ya muy nutridas por especulativos. Desde 1634 hasta 1717, se habían aceptado a 88 no operativos en la Logia de Edimburgo y en la Logia de Aberdeen, también en Edimburgo se habían aceptado a 12 universitarios antes de 1670, pero esto no deja de ser excepcional en Escocia.

 

A principios del XVIII, las Logias en la capital ya son plenamente especulativas; y además andan inmersas en las nuevas corrientes de pensamiento. Las clases sociales con acceso a la cultura son las más activas y la nobleza pugna por su control.

 

La necesidad de unificar para mejor controlar por parte de la nobleza, es lo que genera dos necesidades. La primera, crear algún órgano director, alguna figura sobre la que ejercer el poder pretendido, y la segunda la de estructurar un cuerpo doctrinal que permita y facilite ese control.

 

Para lo primero se constituye por parte de las principales logias de la capital una nueva figura a la que llamaron en principio Gran Logia de Londres y no mucho mas tarde Gran Logia de Inglaterra y encargan a Anderson y Desaguillers, dos presbiterianos de corte calvinista, que redacten el documento que estaba llamado a ser el cuerpo organizativo y doctrinal sobre el que operar, y que es conocido como Las Constituciones de Anderson.

 

El gremio de los canteros y constructores, asoma así a la época contemporánea transformado en una corriente de pensamiento iniciático y laico de corte clásico. La metamorfosis se ha completado.

  

 

CONCLUSIONES

 

La historia de Europa desde el Siglo XI, es la historia del poder representado por el binomio Iglesia-Estado, pugnando por un dominio universal del hombre: por un dominio, al mismo tiempo, de su cuerpo, de su alma y de su voluntad.

 

Por otra parte, es la apasionante historia del ciudadano luchando contra ese poder, buscando un espacio de libertad, anhelando el derecho por su propia independencia. Es la historia, apasionada y apasionante en la búsqueda de una sociedad laica, aunque éste sea un término que no se utilizara. La necesidad de buscar una sociedad de convivencia, que superara las luchas de poder y las luchas de religión. Esta necesidad decanta la historia hacia un espacio de ideas ilustradas que claman por un espacio espiritual y civil, pero no religioso.

 

En medio de todo: un grupo gremial, que se ve inmerso en el torbellino de la historia; consecuencia lógica del destino a donde se ve arrojada por culpa de una crisis del gremio que provoca una brutal reconversión.

 

El nacimiento postrero de la masonería especulativa -que como tal, de alguna forma ya funcionaba- responde a la necesidad de organizarse, estructurarse y reglamentarse para facilitar, como ocurrió en tantas otras ocasiones en la historia, como le pasó a la misma Iglesia, el acceso y control por parte del poder.

 

Vemos el paso de un gremio profesional, que encuentra en la preservación del secreto de su trabajo la clave para conservar sus privilegios, y que como integrante de la sociedad en la que vive, absorbe por capilaridad los acontecimientos que a su alrededor van operándose. Primero la corriente mística que llega a Europa con las cruzadas, más adelante la integración de miembros de las órdenes de caballería perseguidas por el ansia del poder civil y religioso, y que llegan con un aporte fundamental de tradiciones y simbolismo nuevo y que, como ocurrió en tantos otros gremios, con el fin de las grandes construcciones entra en crisis.

 

Vemos también cómo por culpa y como consecuencia de esa crisis gremial, la extracción profesional de los miembros va cambiando paulatinamente, y cómo se hace imprescindible conservar la discreción característica del oficio, para preservar a sus miembros de la caza de brujas que supusieron más de doscientos años de luchas de religión.

 

Fue el mantenimiento de este secreto el que les hizo especialmente atractivos a humanistas y renacentistas y posteriormente a los ilustrados, que vieron en estos foros un espacio de libertad inter religiosa, en un ambiente de discreción, propicio al encuentro.

 

Y por fin el poder en forma de la nobleza y realeza que determinan, ya en el siglo XVIII -como Constantino hizo con la Iglesia en el concilio de Nicea- la necesidad de crear una superestructura y un cuerpo doctrinal sobre el que instalarse.

 

Las características de esos movimientos, la redacción de las propias Constituciones, sus causas, su trascendencia, y las consecuencias que de ello se derivaron, así como la lucha de una parte de ese elemento recién creado -cual es el de la masonería especulativa para sacudirse el control del poder- será parte de un próximo trabajo, como también lo será de otro un estudio sobre el concepto de regularidad para el que llevo ya un tiempo recabando información.

 

Hace poco, un H:. con el que comentaba algunos aspectos de este trabajo me preguntaba: ¿Pero entonces Javier, según tú, cuándo podríamos hablar que existe definitivamente la masonería? Y yo le respondía con un ejemplo que quiero más o menos reproducir:

 

Nosotros tenemos un litro de agua y lo queremos convertir en gazpacho, para ello le vamos a ir añadiendo paulatinamente una serie de ingredientes, primero le añadiremos tomate, pan, aceite, vinagre, sal y el resto y todo, claro está, en sus justas proporciones. ¿Cuándo -le decía yo- podríamos decir que existe realmente el gazpacho? ¿Quizá cuando le añadimos el tomate, tal vez cuando le trituramos el pan o quizá cuando le ponemos el aceite? En realidad el gazpacho no existe hasta que todos los ingredientes están puestos en su justa proporción y la mezcla triturada resultante es ya un producto nuevo indivisible, es un alimento que ya no es ninguno de los que hemos usado y es todos a la vez. Pues eso mismo ocurre con la masonería especulativa, es incorrecto llamar masonería -entendiendo por masonería algún tipo de actividad más o menos próxima a lo que hacemos y conocemos- antes de las constituciones que, efectivamente, son un punto y aparte, una línea de kilómetro cero.

 

Todo lo que hay antes, son en mayor o menor cantidad los ingredientes necesarios para componer el guiso que será la masonería especulativa; pero no son masonería especulativa, y tampoco son ya masonería operativa. Como tampoco, durante el proceso de elaboración del gazpacho, el producto que vamos obteniendo es agua y todavía no es gazpacho.

 

¿Entonces -me decía este buen H:. - si no es masonería operativa y según tú, no podemos decir que sea masonería especulativa, qué es? Pues precisamente a ese periodo entre una y otra cosa, a ese producto que se va elaborando entre el agua y el gazpacho final, es a lo que yo he dado en llamar Masonería de Integración.

 

 

  

He dicho.

 

 

F.J.A.

Sevilla,    6007


 

 

CUADRO CRONOLÓGICO

XI

El imperio Bizantino y los Califatos Islámicos están en pleno florecimiento

El cristianismo se expansiona por Europa y comienzan las cruzadas.

La expansión del cristianismo trae consigo la construcción de templos. Se desarrollan las asociaciones de canteros

.

 

INTEGRACIÓN MÍSTICA

 

XI y XII

Las cruzadas. Aparición de las órdenes de monjes guerreros. Se inicia el periodo de Las Catedrales

 

XI a XII o XIII

Época mística.

Podría denominarse como el siglo del misticismo. Los 200 años de cruzadas entre otros motivos, propicia la convivencia y mezcla de las grandes corrientes filosóficas y de pensamiento. El encuentro cultural es un crisol donde se destilan ideas.

Florecen los colectivos gremiales y las comunidades iniciativas.

 

1128 - 1240

 

Llegan a Inglaterra El Cister, los Dominicos, los Franciscanos y los Carmelitas.

El clero se encuentra sujeto al poder real.

 

XIII y XIV

Se expande el Imperio Otomano y los tártaros y mongoles por Asia.

El cristianismo marca su hegemonía en Europa.

 

1231

 

Aparece la Inquisición con los estatutos Excommunicamus del papa Gregorio IX

1252

 

El papa Inocencio IV autoriza la práctica de la tortura para extraer la verdad.

1270

 

Terminan las cruzadas

XIV a XVI

Humanismo. El Humanismo es la Utopía de los Hombres Fraternales

 

1307

 

El rey de Francia ataca a los Templarios.

1312

 

Dispersión por decreto papal de los Templarios.

1337 - 1453

 

Guerra de los 100 años entre Inglaterra y Francia

XV a XVI

Renacimiento. Íntimamente relacionado con el Humanismo, de hecho las bases del Humanismo, serán las bases del Renacimiento. A finales del siglo XV se da por terminado el periodo de construcción de las grandes Catedrales. El gremio de constructores entra en crisis.

 

 

1401 - 1414

 

Los Lolardos traducen la Biblia al inglés. Dirigidos por John Oldcastle intentan derrocar a Enrique V

1455 - 1487

 

Guerra de las dos rosas entre la casa Lancaster y la casa de York

1509

 

 

INTEGRACIÓN SOCIAL

ENRIQUE VIII

(1509 – 1547)

En 1534 por el Acta de Supremacía, el rey se convierte en el Jefe de la Iglesia de Inglaterra. Más tarde se expropiarían los bienes de la Iglesia

1509 - 1603

 

La Reforma

1517

 

El 31-10 Lutero clava en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg las llamadas 95 tesis con las que se inicia La Reforma, la excomunión de Lucero y el gran cisma en la Iglesia católica.

1519

 

Lutero es protegido por los humanistas, entre ellos el propio Erasmus. También es protegido por la nobleza centroeuropea que protesta así ante su emperador.

1521

 

El tres de enero Lutero es excomulgado.

1521

 

Se publica un tratado contra Lutero y Enrique es nombrado defensor de la fe.

1526

 

Transformación luterana de los cultos.

1533

 

Enrique VIII fue excomulgado

1536

 

Para proporcionar dinero a la corona, se disuelven los monasterios en Inglaterra. Los abades desaparecen de la Cámara de los Lores.

1547

 

 

1550

 

 

EDUARDO VI

(1547 – 1553)

Se convierte al Protestantismo

1553

 

 

MARÍA I

(1553 – 1558)

Regresa al catolicismo

1554

 

María I instaura nuevamente la obediencia al papa.

1555

 

Comienza la quema de herejes

1558

 

 

1559

 

Un año después de la toma de posesión, Isabel I sustituye todos los obispos, menos uno, por protestantes radicales.

ISABEL I

(1558 – 1603)

Regresa al protestantismo y al Acta de Supremacía.

1570

 

El papa Pio V excomunga a Isabel I

1598

 

Estatutos de Schaw de la masonería operativa, de gran importancia posterior en la organización de la especulativa. Firmados en Edimburgo (Escocia) el 28 de Diciembre, en una reunión de maestros masones presidida por William Schaw

1599

 

Todavía hay vestigios de algunas L:. Operativas.

Principios del XVII

Se crea el movimiento misterioso de la rosa cruz – Pretende una Europa liberada de conflictos religiosos.

 

INTEGRACIÓN INTELECTUAL

1603

 

 

XVII a XVIII

Ilustración. Desde el Racionalismo del XVII a la Revolución Industrial del XVIII

 

JACOBO I

(1603 – 1625)

Los presbiterianos se hacen fuertes.

1620

 

Odisea del Mayflower, con el que los Puritanos desembarcan con las ideas presbiterianas y el compromiso de crear el reino del Dios en la tierra, según el tratado al que se comprometen antes del desembarco.

Ya estaban llegando desde 1607.

1625

 

 

1630

 

Cheualier Morey es un escocés que es el primer M\ Especulativo del que se tienen datos como miembro de “Los HH\ Ocultos” en Francia.

CARLOS I

(1625 – 1642)

Apoya el anglicanismo frente al catolicismo.

Guerra de los 30 años.

1642

 

 

1642 - 1649

 

Primera Guerra Civil

DOS GUERRAS CIVILES

(1642 – 1649)

El parlamento se divide entre episcopalianos, presbiterianos e independientes.

1646 1649

 

Segunda Guerra Civil

1649

 

Ejecución de Carlos I en Inglaterra

1653

 

 

EL PARLAMENTO RESIDUAL

(1649 – 1653)

Los protestantes, con Cronwell a la cabeza toman el poder.

1653

 

 

EL PROTECTORADO

(1653 – 1658)

 

1658

 

 

1660

 

 

FIN DE LA REPÚBLICA

(1658 – 1660)

 

1685

 

 

CARLOS II

(1660 – 1685)

Los Obispos regresan al poder.

Se instala la supremacía anglicana.

Se prohíben los servicios religiosos no anglicanos.

1689

 

La carta de los derechos establecía que en lo sucesivo los monarcas deberían ser protestantes.

JACOBO II

(1685 – 1689)

Era un católico celoso que persiguió y encarceló a los anglicanos.

En 1688 tuvo un hijo católico, pero ya tenía una hija (María) protestante, la sucesión seria problemática.

Finales del XVII

El símbolo es una imagen filosófica sobre la que hay que razonar (Filosofo francés)

 

GUILLERMO DE ORLEANS Y MARÍA (Hija de Jacobo II)

(1689 – 1702)

Ella era protestante y el era calvinista.

Para impedir el acceso al trono del hijo católico de Jacobo II, los protestantes le ofrecen a Guillermo de Orans que invada Inglaterra y a cambio, le ofrecen la corona.

Invadieron Inglaterra y Jacobo I se exilio.

A esto se le llama la Revolución gloriosa y puso en el poder a los protestantes en detrimento de los católicos.

La carta de los derechos en 1689 establecía que en lo sucesivo los monarcas deberían ser protestantes.

Se producen diversos avatares a la muerte de María sin sucesión y esto provoca que, para que no cayera en manos católicas, se ofrezca el poder a una prima lejana protestante de Guillermo llamada Ana.

De las disputas y discusiones entre Inglaterra y Escocia, por este motivo, da como resultado la firma de un tratado de unidad entre Inglaterra y Escocia, dando origen a Gran Bretaña.

1702

 

 

1702 - 1764

 

En la Logia que funciono en Haughfoot durante este periodo, ninguno de sus miembros era ya operativo.

LA REINA ANA

(1702 – 1714)

 

1714

 

 

1717

 

Creación de la Gran Logia de Londres, que posteriormente seria GLI y más tarde se transformaría en la GLUI.

Mientras, las Logias en Londres eran especulativas, las de Escocia todavía eran operativas o mixtas, ¿debido a que en Escocia todavía se utilizaba la piedra?

En este año en la Logia de Edimburgo, se habían admitido a 88 no operativos desde 1634,  y en la Logia de Aberdeen, también de Edimburgo, habían admitido a 12 universitarios antes de 1670.

JORGE I

(1714 – 1727)

En su reinado se constituyo la Gran Logia de Inglaterra y las Constituciones de Anderson.

Era el Príncipe-Elector del Sacro Imperio Romano Germánico.

De origen Alemán y aunque los Toris se opusieron, los Whigs favorecieron la sucesión en un protestante, sin importar la nacionalidad.

1723

 

Las Constituciones.

1720

 

Por una serie de problemas económicos, muchos aristócratas ingleses se vieron arruinados.

MASONERÍA ESPECULATIVA

1727

 

 

1728

 

Nace la GLF

JORGE II

(1727 – 1760)

 

1728

 

Se elige por primera vez en Edimburgo (Escocia) a un no operativo para un cargo.

1736

 

Aparición de una Gran Logia Escocesa, a semejanza de la inglesa.

1738

 

Clemente XII Primera bula de ataque bajo pena de excomunión.

1760

 

 

1789

 

Toma de la Bastilla el 14-07-1789. Se inicia la Revolución Francesa que abarcara hasta 1799

 

 


 

 

PRINCIPALES CORRIENTES DE “LA REFORMA”

 

Protestantismo o Luteranismo

El mayor aporte a la modernidad descansaría en su persistente promoción de la separación entre iglesia y estado, la libertad religiosa personal y el ejercicio de un gobierno plenamente democrático en sus congregaciones. (George Williams, historiador).

La iglesia existe ahí donde se escucha y obedece la palabra de Dios.

Se desarrollo predominantemente en el norte de Alemania y Escandinavia en su forma Luterana. En Escocia prosperó en forma de inglesa presbiteriana.

 

Calvinismo

Sus principios son:

-          La soberanía de Dios.

-          La importancia céntrica de la palabra y los sacramentos.

-          El concepto de pacto.

-          La validez permanente de la ley moral.

-          La conciliación de la piedad

-          El cultivo intelectual.

Se desarrolla durante el siglo XVI

Teología protestante iniciada por Juan Calvino.

Es una derivación sobre el pensamiento de Lucero que se desarrolla por Calvino en Suiza.

En 1536 publica la obra que da inicio al movimiento.

 


 

Presbiterianos

Las iglesias reformadas que adoptan un gobierno de presbíteros (ancianos en su traducción literal del latín), es decir, elegidas democráticamente por la comunidad de fieles, en lugar de episcopal se consideran como iglesias presbiterianas

La doctrina presbiteriana pertenece a la rama protestante fundada por Calvino.

Se inicia al introducirla John Knox en Escocia en 1560.

Se convirtió en religión del estado en 1688 y posteriormente seria relegada por el anglicanismo

.

Puritanismo

Es un movimiento no solo religioso sino político que se desarrolla entre los siglos XVI y XVII.

En tiempos de Isabel I, algunos miembros anglicanos piden una reforma influidos por Calvino. Propugnan una iglesia pura en una sociedad pura.

Adoptan el presbiterianismo y les diferencia el carácter político y de reforma no sólo del individuo, sino de la propia sociedad.

Un grupo se exilia en los Países Bajos, huyendo de las persecuciones religiosas y posteriormente se trasladan a América en el Mayflower, donde trasladan el puritanismo y el compromiso de construir la comunidad de Dios, mediante los acuerdos firmados antes de desembarcar.

 

Anglicanismos

El término de Iglesia Anglicana significa Iglesia de Inglaterra.

Es la iglesia que se hace en Inglaterra y que en otros países se llama “Episcopal”.

Es un protestantismo propio, bajo la corona, que define una iglesia reformada a la inglesa.

Tiene su entronque en la iglesia celta y cuando Enrique VIII rompe con Roma a través del estatuto de Supremacía en 1534, se desarrolla por sí misma dando lugar a una iglesia católica, reformada con el monarca inglés como cabeza.

Nunca fue intención de Enrique VIII fundar otra iglesia, sino asumir su control.

Según el teólogo Richard Hooker del siglo XVI: La iglesia Anglicana expresa su identidad mediante tres principios: La Sagrada Escritura, La tradición eclesiástica y La Razón. “El entendimiento de la Razón como criterio de fe y ética en el anglicanismo, se ha visto ampliado no sólo a los logros de la ciencia, sino a la experimentación cotidiana y al sentido común de las personas y comunidades, que se enfrentan día a día a la vida en actitud de fe”.

La dignidad humana y la igualdad entre todas las personas forman parte fundamental de los valores anglicanos.

 

Reforma Protestante

Durante el siglo XVI

Se llama así porque “protestaba” contra las decisiones y orientaciones de la Iglesia.

Sus principales artífices son Lucero y Calvino.

En Inglaterra es una nueva oportunidad de conseguir la independencia sobre el poder papal aspecto sobre el que se venía incidiendo desde Enrique VIII. Estatutos de Mortmain (1279), Provisors (1351) y Praemunire (1393) son sucesivos intentos por conseguir la independencia de la jurisdicción papal.

 

La Contrarreforma

Es el periodo entre 1545 a 1562 que dura el Concilio de Trento y que es el intento de Roma de dar respuesta a la Reforma Luterana.

Los cristianos la conocen también como la Reforma cristiana.

 


 

ESTATUTOS DE SCHAW

 

En Edimburgo, el vigésimo octavo día de diciembre del año de Dios 1598.
 
 Estatutos y ordenanzas que deben observar todos los maestros masones de este reino, establecidas por William Schaw, Maestro de Obras de Su Majestad (el rey Jacobo VI) y Vigilante General de dicho oficio, con el consentimiento de los maestros abajo firmantes.
 
 1.- Primeramente, observarán y guardarán por sus predecesores de memoria todas las ordenanzas precedentemente establecidas concernientes a los privilegios de su oficio, y en particular serán sinceros los unos con los otros y vivirán juntos en la caridad, habiéndose convertido, por juramento, en hermanos y compañeros de oficio.
 
 2.- Obedecerán a sus Vigilantes, diáconos y maestros en todo lo concerniente a su oficio.
 
 3.- Serán honestos, fieles y diligentes en su labor, y se dirigirán con rectitud a los maestros o propietarios de las obras que emprendan, tanto si son pagados a destajo, o alojados y alimentados o pagados por semanas.
 
 4.- Nadie emprenderá una obra, grande o pequeña, que no sea capaz de ejecutar con competencia, bajo pena de una multa de cuarenta libras o del cuarto del valor de dicha obra, sin perjuicio de las indemnizaciones y compensaciones a pagar a los propietarios de la obra según la estimación y el juicio del Vigilante General, o en su ausencia, según la estimación de los vigilantes, diáconos y maestros del condado donde dicha obra esté en construcción.
 
 5.- Ningún maestro tomará para sí la obra de otro maestro después de que éste lo haya convenido con el propietario de la obra, ya sea por contrato, acuerdo con arras o acuerdo verbal, bajo pena de una multa de cuarenta libras.
 
 6.- Ningún maestro retomará una obra en la cual otros maestros hayan trabajado anteriormente hasta que sus predecesores hayan recibido el salario del trabajo cumplido, bajo pena de la misma multa.
 
 7.- En cada una de las logias en que se distribuyen los masones se escogerá y elegirá cada año un vigilante que estará a cargo de la misma, ello por sufragio de los maestros de dichas logias y con el consentimiento de su Vigilante General si se halla presente. Si no es así, se le informará de que un vigilante ha sido elegido por un año, a fin de que pueda enviar sus directrices al vigilante elegido.
 
 8.- Ningún maestro tomará más de tres aprendices a lo largo de su vida si no es con el consentimiento especial de todos los vigilantes, diáconos y maestros del condado donde vive el aprendiz que él quiere tomar de más.
 
 9.- Ningún maestro tomará ni se atribuirá un aprendiz por menos de siete años, y tampoco será permitido hacer de este aprendiz un hermano y compañero del oficio hasta que haya ejercido otros siete años tras el fin de su aprendizaje salvo dispensa especial concedida por los vigilantes, diáconos y maestros reunidos para juzgarlo, y que se haya probado suficientemente el valor, cualificación y habilidad de aquél que desea ser hecho compañero del oficio; ello, bajo pena de una multa de cuarenta libras a percibir de aquél que haya sido hecho compañero del oficio contrariamente a esta ordenanza, sin perjuicio de las penas que se le puedan aplicar por la logia a la cual pertenezca.
 
 10.- No se permitirá a ningún maestro vender su aprendiz a otro maestro, ni liberarse por dinero con respecto al aprendiz de los años de aprendizaje que aquél le debe, bajo pena de una multa de cuarenta libras.
 
 11.- Ningún maestro recibirá aprendices sin informar al vigilante de la logia a la cual pertenece, a fin de que el nombre de dicho aprendiz y el día de su recepción puedan ser debidamente registrados.
 
 12.- Ningún aprendiz será entrado sin que sea respetada la misma regla, a saber, que su entrada sea registrada.
 
 13.- Ningún maestro o compañero del oficio será recibido o admitido si no es en presencia de seis maestros y de dos aprendices entrados, siendo el vigilante de la logia uno de los seis; el día de la recepción, dicho compañero del oficio o maestro será debidamente registrado y su nombre y marca serán inscritos en el libro juntamente con los nombres de los seis que lo han admitido y los de los aprendices entrados; igualmente, se inscribirá el nombre de los instructores que se deban elegir para cada recipiendario. Todo ello, con la condición de que ningún hombre será admitido sin que se le haya examinado y se haya probado suficientemente su habilidad y valor en el oficio al que se consagra.
 
 14.- Ningún maestro trabajará en una obra de masonería bajo la autoridad o dirección de otro hombre de oficio que haya tomado a su cargo una obra de masonería.
 
 15.- Ningún maestro o compañero de oficio acogerá un cowan (1) para trabajar con él, ni enviará a ninguno de sus ayudantes a trabajar con los cowan, bajo pena de una multa de veinte libras cada vez que alguien contravenga esta regla.
 
 16.- No se permitirá a un aprendiz entrado emprender una tarea u obra para un propietario por un valor superior a diez libras, bajo pena de la misma multa precedente, a saber, veinte libras; y después de haber ejecutado esta tarea, no empezará otra sin el permiso de los maestros o del vigilante del lugar.
 
 17.- Si estalla alguna disputa, querella o disensión entre los maestros, los ayudantes o los aprendices entrados, que las partes en presencia comuniquen la causa de su querella a los vigilantes y a los diáconos de su logia en un plazo de veinticuatro horas, bajo pena de una multa de diez libras, a fin de que puedan reconciliarse y ponerse de acuerdo y de que su diferendo pueda ser allanado por dichos vigilantes, diáconos y maestros; y si sucede que una de las partes se empeña y se obstina, serán excluidos de los privilegios de su logia respectiva y no les será permitido volver a trabajar en ella hasta que reconozcan su error ante los vigilantes, diáconos o maestros como se ha dicho.
 
 18.- Todos los maestros emprendedores de obras velarán para que los andamiajes y las pasarelas estén sólidamente instalados y dispuestos, a fin de que ninguna persona empleada en dichas obras se lastime como consecuencia de su negligencia o su incuria, bajo pena de ser privados del derecho de trabajar como maestros responsables de obra y de ser condenados por el resto de sus días a trabajar bajo las órdenes de otro maestro principal que tenga obras a su cargo.
 
 19.- Ningún maestro acogerá ni empleará al aprendiz o al ayudante que haya escapado del servicio de otro maestro; en el caso que lo haya acogido por ignorancia, no lo conservará con él cuando sea informado de la situación, bajo pena de una multa de cuarenta libras.
 
 20.- Todas las personas pertenecientes al oficio de masón se reunirán en un tiempo y en un lugar debidamente anunciado, bajo pena de una multa de diez libras (en caso de ausencia).
 
 21.- Todos los maestros que hayan sido convocados a una asamblea o reunión prestarán el juramento solemne de no ocultar ni disimular las faltas o infracciones que hayan podido cometer los unos respecto a los otros, así como las faltas o infracciones que tales hombres (de oficio) tengan conocimiento de haber podido cometer hacia los propietarios de las obras que tienen a su cargo; ello, bajo pena de una multa de diez libras a pagar por aquellos que hayan disimulado tales faltas.
 
 22.- Se ordena que todas las multas previstas anteriormente sean aplicadas sobre los delincuentes y contraventores de las ordenanzas por los vigilantes, diáconos y maestros de las logias a las cuales pertenezcan los culpables, y que el producto sea distribuido "ad píos usus" según la conciencia y parecer de dichas personas.
 
 Y con el fin que estas ordenanzas sean ejecutadas y observadas tal como han estado establecidas, todos los maestros reunidos en el día indicado precedentemente se comprometen y obligan a obedecerlas fielmente. Es por ello que el Vigilante General les ha requerido firmar el presente manuscrito de su propia mano, a fin de que una copia auténtica sea enviada a cada logia particular de este reino.
 
 William Schaw
 
 Maestro de Obras
 
 (1) La palabra cowan, de origen escocés, designaba antiguamente a los albañiles que no estaban iniciados en el arte masónico ni conocían los secretos del oficio. Según los textos eran aquellos que no estaban cualificados para recibir la palabra del masón, aquellos que "construían muros con piedras no desbastadas y sin cal", podría entenderse como intrusos en el oficio.