ALGDGADU

HOMENAJE AL MRH.·. DIEGO MARTINEZ BARRIO

El pasado día 1 de enero del año en curso, varios hermanos de nuestro Taller acudieron al Cementero de San Fernando de Sevilla, para rendir homenaje al MRH.·. Diego Martínez Barrio con ocasión del aniversario de su fallecimiento, y allí tuvieron ocasión de coincidir con hh.·. de otra Obediencia.

Siendo mediodía punto, y tras depositar un ramo de flores ante su sepultura, se guardaron unos minutos de respetuoso silencio, tras los cuales nuestro VM.·. pronunció las siguientes palabras:


“ M.·. R.·. H.·. P.·. G.·. M.·.

Hace ya unos siete años, que un pequeño grupo de abogados sevillanos conseguimos trasladar tus restos desde el cementerio de Saint-Germain, hasta tu querida ciudad de Sevilla.

En este largo proceso, y a través de tus efectos personales y de tus escritos, tuvimos ocasión de conocer a un personaje excepcional, bien calificado por el historiador Gabriel Jackson como “un hombre decente, honrado e íntegro”.

Pero es otra gran faceta de tu personalidad, la que hoy convoca a este grupo de hermanos francmasones, y es el honor que debe tu incuestionable maestría.

Nuestra presencia hoy aquí, donde únicamente se ofrenda la sencillez de nuestros sentimientos, supone un acto de restitución moral y a su vez, la invitación al más bello de los rituales masónicos: que formes parte de esta humilde Cadena de Unión.

Como bien dijiste en varios de tus iluminados escritos “los francmasones somos unos pobres frailes laicos”, y estos que ante ti se presentan, aún con diferentes visiones de la práctica del Arte Real, están congregados por el inmenso respeto que supone el ejemplo que has sabido instalar en nuestros corazones.

Los días pasarán, nuevas generaciones habrán de sustituir a los maestros veteranos, pero nada podrá impedir que evoquemos tu recuerdo, porque aún hoy, añoramos hombres de tu valor y sabiduría; hombres que como tú, supieron comprender las legítimas aspiraciones de su pueblo, y combinarlas acertadamente con los más elevados principios morales de la Francmasonería, como demostraste al intentar evitar desesperadamente la Guerra Civil, durante aquella trágica noche del 18 de Julio de 1936, en el Palacio de Buenavista.

Quizás las palabras de D. Antonio Alonso Baño, ex ministro de la República en el exilio y también hermano francmasón, nos describan con realismo los principales rasgos de tu personalidad, al decir:

“Afirmaba (Martínez Barrio) que la sociedad española, tan varia y mezclada, no podía asentarse en ningún extremismo, y que al fin de cuentas, la clase social predominante en España, era la clase políticamente neutra. Posiblemente, encarnaba el espíritu republicano español más profundamente que todos los hombres que dirigieron la Segunda República. No era un pensador, ni un escritor, ni un profesor, ni tan siquiera un periodista. No era, desde luego, el hombre brillante, efusivo, con golpes geniales, tan prodigado en los países meridionales, y, desde luego, difícilmente podía despertar el entusiasmo de las multitudes quien les hablaba sin pasión, sin gritos y sin pomposas frases. Pero, sin embargo, era el político de la clase media española, el político que mayor confianza inspiraba en esas zonas medias del país, oscilantes y neutras, pero imprescindibles en toda obra de intención renovadora. Martínez Barrio tenía de su pueblo el sentido realista y a su vez, en su fuero interno, la sociedad española se sentía reflejada en él.”

Quisiera añadir por último, las acertadas y entrañables palabras que sobre ti evoca el hermano Eliseo Bayo: “Era honrado sin estridencias, honesto sin pretensiones y vivía modestamente. Jamás fue salpicado por escándalo alguno. No tuvo hijos. Tenía amigos en todas partes, en la derecha y en la izquierda. Sólo tuvo un enemigo: Franco, que lo odiaba porque era el espejo que le devolvía su propia imagen adornada con los peores defectos.”

Poco queda por decir. Las palabras sobran ahora: debemos dejar paso al Silencio.

Honor, RH.·.

Gloria, RH.·.

Belleza, RH.·., Verginaud, siempre la Belleza.

Descansa en paz, en el Oriente Eterno.”

Acto seguido, se formó la Cadena de Unión, que quedó enlazada simbólicamente con las manos del Rh.·. Diego Martínez Barrio, tras la cual se fueron retirando los hh.·. participantes.

Todos cuantos tuvimos ocasión de acudir a este breve pero emotivo acto, coincidimos en la necesidad de hacer un esfuerzo para restituir moralmente la figura de tantos hh.·. francmasones sevillanos injustamente represaliados durante el régimen político anterior.